¿En qué lugar dejaría eso a Esteban?
Inés no podía creerlo. ¡Todo este tiempo su buena voluntad había sido usada como una herramienta por su tía para lograr sus propios objetivos!
—¡Tía! —Inés tenía los ojos llorosos y le reclamó con desesperación—. ¿Por qué me hiciste esto?
Nunca se imaginó que el verdadero peligro venía de su propia familia.
No sabía que su tía era una mujer tan calculadora y manipuladora.
¡Había confiado en la persona equivocada!
Con razón Fiona le había dicho hace un momento que ella perfectamente podía mantenerse al margen, pero había decidido jugar con fuego...
Qué ironía, tenía toda la razón.
En ese entonces pensó que Fiona intentaba ponerla en contra de su tía y arruinar su relación familiar.
Ahora se daba cuenta de que Fiona solo intentaba advertirle de buena fe.
En cambio, fue su propia tía quien había regresado con el único propósito de usar cualquier método posible para sacar a su primo Esteban de la cárcel.
Gisela la miró de reojo, con desdén: —Porque quiero salvar a mi hijo, así de simple.
No había nada en este mundo más importante que él.
¡Para sacarlo de prisión, estaba dispuesta a todo!
Incluso si eso significaba destruir la relación con su sobrina, mientras Esteban quedara libre, no importaba nada más.
—¡Pero no tenías por qué usarme de esa manera! —Inés estaba a punto de estallar del coraje—. Si querías sacar a mi primo, podías haber buscado otra forma. ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué me mandaste al frente para ser yo la mala del cuento?
Mientras la verdadera mente maestra, su tía, se escondía perfectamente en las sombras...
Bastante hacía con no hundirlo más.
¿Y todavía tenía el descaro de pedirle que lo ayudara?
¡Estaba soñando despierta! Con el alto cargo que ocupaba, tanto a nivel profesional como personal, jamás le tendería la mano.
No había nada que hacer. Después de todo, la persona a la que Esteban había ofendido era el mismísimo Samuel Flores.
Teniendo la oportunidad de ser un respetable heredero de la familia Flores, prefirió meterse con su poderoso tío.
Si él solito buscó su ruina, ¿a quién más iba a culpar?
—Entonces, según tú, ¿si le cambio el apellido a Esteban para que sea un Guzmán, aceptarás ayudarlo a salir de la cárcel? —Gisela le devolvió la jugada con frialdad.
El argumento fue tan audaz que hasta Hugo se quedó sin palabras por un segundo.

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