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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1152

Hugo reaccionó casi de inmediato y, con el rostro rojo de la furia, le gritó:

—¡Deja de decir estupideces! ¿Cuándo dije semejante cosa?

—¿No acabas de decirlo tú mismo? —Gisela esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo—. Fuiste tú quien dijo que no podías ayudarlo porque no llevaba tu apellido. Entonces, si hago que lleve el apellido de la familia Guzmán, ¿estarás dispuesto a ayudarlo?

Hugo sintió que su hermana había perdido por completo la razón: —Estás soñando despierta.

—Te lo digo de frente: ni a nivel personal ni profesional. Mientras yo ocupe mi cargo, no moveré un solo dedo para sacar a un individuo como él de la cárcel.

Ocupaba un puesto de gran responsabilidad que exigía una moral intachable. El más mínimo error ético sería la excusa perfecta para que sus enemigos lo destituyeran.

Justamente porque siempre había sabido separar su vida profesional de la personal, había logrado mantenerse en el cargo tantos años y ganarse el respeto de todos.

Tenía que hacer honor al uniforme que llevaba puesto.

Gisela no entendía por qué su propio hermano se negaba a ayudarla. Estaba a punto de replicar cuando Inés la interrumpió:

—Ya basta, tía. ¿De verdad crees que sirve de algo seguir aquí?

—Las cosas ya llegaron a este punto. Mejor ríndete y deja que mi primo cumpla su condena.

Tener los pies en la tierra siempre era mejor que cualquier otra cosa.

Aquellos que buscan atajos para llegar a la cima suelen terminar cayendo directo al infierno.

Gisela, llena de frustración y resentimiento, terminó marchándose de la Quinta del Poniente.

Al ver a su tía alejarse, Inés se volvió hacia su padre, con lágrimas asomando en sus ojos: —Papá, ¿qué hago ahora con Fiona? Debe odiarme a muerte, seguro que nunca me perdonará...

Fue su culpa por poner a su padre en una situación tan comprometedora frente a la familia Flores.

Si no fuera por ella, su padre jamás habría tenido que pasar por eso.

—Inés, a mí no es a quien debes pedirle perdón —al ver que reconocía su error, Hugo supo que aún había esperanza para ella—. La persona con quien debes disculparte es Fiona, no yo.

—¿Sabes una cosa? Después de lo que te pasó con Benjamín Isamar, Fiona tenía toda la intención de ayudarte. Pero mira lo que lograste. Por conspirar con tu tía a sus espaldas, perdiste su apoyo. ¿Te das cuenta del error que cometiste?

Una amistad genuina, destrozada solo porque no supo elegir en quién confiar.

Era una verdadera lástima.

Inés bajó aún más la cabeza, devastada: —Papá, sé que me equivoqué... Pero, ¿cómo le pido perdón a Fiona? ¿Crees que alguna vez me perdonará?

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