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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1173

El tono de Samuel fue cortante y autoritario.

Las compensaciones se otorgaban según la gravedad de las heridas, no simplemente dividiendo el dinero por persona. Se trataba de quién necesitaba los recursos para sobrevivir.

—¿Y entonces los que tenemos heridas más leves tenemos que conformarnos con este trato de segunda? —Un empleado llamado Santiago Salcedo dio un paso al frente, indignado—. ¡Esto es discriminación! ¡Lo voy a demandar!

Abraham ya no pudo tolerar la insolencia.

—Demande si quiere —lo desafió—. Vaya y vea si algún juez pierde el tiempo admitiendo una queja por recibir un millón en compensación por heridas menores.

—¡Tú...!

Santiago se quedó sin palabras. La rabia le hervía en la sangre y fulminó a Abraham con la mirada, pero no se atrevió a decir nada más.

Samuel no tenía paciencia para lidiar con avaricias absurdas.

—Abraham, hazte cargo de esta gente. Yo tengo asuntos más urgentes. Termina de revisar la lista, ajusta los montos y preséntame el informe final para autorizar los pagos.

—Sí, señor Flores.

Sin añadir una palabra más, Samuel abandonó las ruinas de la clínica.

A la mañana siguiente, en la residencia de Yolanda Arroyo.

Yolanda acababa de arreglarse y estaba a punto de salir. Al abrir la puerta principal, se encontró de frente con dos policías que parecían llevar un buen rato esperándola.

—¿Es usted la señorita Yolanda Arroyo?

El rostro de Yolanda palideció, pero logró esbozar una sonrisa forzada.

—Sí, soy yo. Oficiales, ¿en qué puedo ayudarles?

—La consideramos sospechosa en el caso de la explosión de la clínica de la señorita Santana. Le pedimos que nos acompañe a la comisaría para rendir declaración.

Yolanda dio un paso atrás, asustada.

—No, esto es un error. Yo no tengo nada que ver con eso. Oficial, tiene que haber una confusión.

Él había destruido a su padre. Verlo allí solo le causaba repulsión.

—Sí, terminamos, pero al menos podemos ser amigos —Benjamín mantuvo la calma y le habló en voz baja—. Si de verdad quieres vengar a tu padre, deja de actuar por impulso y hacer estupideces que te pongan en riesgo.

Arriesgar su propia libertad no valía la pena.

Al escuchar la palabra "venganza", la expresión hostil de Yolanda se suavizó un poco, dejando ver cierta duda. Recordando que Valeria todavía estaba esperando su llamada, finalmente accedió a irse con él.

Sin embargo, justo cuando Benjamín terminó los trámites y la escoltaba hacia la salida de la delegación, se toparon con alguien inesperado.

Alguien que, definitivamente, no debería estar ahí.

Samuel Flores.

—¿Señor Flores? ¿Qué hace usted en la comisaría?

La voz de Benjamín reflejaba auténtica sorpresa. Era evidente que el abogado no tenía idea de la verdadera magnitud de lo que estaba ocurriendo.

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