—No es suficiente.
Respondió Samuel con frialdad implacable y tono pausado: —Para empezar, ni siquiera han celebrado su fiesta de compromiso, así que ella no es oficialmente tu prometida.
—Y en cuanto al beso, ¡fue ella quien me forzó! ¿Y vienes aquí a cambiar la historia para hacerme quedar como el culpable? ¿Y encima tienes la audacia de exigirme los derechos de distribución? Dime, ¿quién te crees que eres para venir a amenazarme?
Era el colmo de lo absurdo.
Si había sido Valeria la que, en medio de su borrachera, se había abalanzado para besarlo. ¡Él ni siquiera le había reclamado por ese teatro y ahora resultaba que el victimario era él!
Jamás había conocido a nadie tan descarado; Andrés acababa de establecer un nuevo récord de cinismo.
Andrés lo miró con furia, sus palabras cargadas de un resentimiento helado: —¿Que no tengo derecho? ¡Ah, pero cuando usaste a Waldo Valenzuela para chantajearme, ahí sí tenías derecho de quitarme todas mis películas por apenas ochenta millones!
—¡Samuel, te advierto que no te pases de la raya! ¡No te vendí la agencia de mi empresa para que usaras tu poder para sabotear la carrera de Valeria! ¡Y mucho menos para que la obligaras a humillarse en esas cenas con ejecutivos!
Desde que la conoció, cuando apenas era una debutante, nunca la había dejado participar en ese tipo de eventos.
Era precisamente esa elegancia, ese temple y su negativa a rebajarse lo que lo había cautivado profundamente durante años.
¡Pero apenas le había entregado la agencia, Samuel se había aprovechado de su puesto de jefe para forzar a Valeria a asistir a esa cena denigrante!
¿Si eso no era sabotearla, entonces qué era?
Después de escuchar semejante escándalo, los miembros de la junta ya se hacían una buena idea del panorama general.
Uno de ellos, ya harto del drama, intervino: —Señor Luján, si lo que dice el señor Flores es cierto, entonces ustedes mismos se buscaron todo este problema.
—He oído que la esposa del señor Flores sufrió un accidente gravísimo y sigue recuperándose en el hospital. ¿Y usted mandó a alguien a desconectarla del oxígeno? Desconozco los conflictos que tengan, pero basándome solo en esto, las represalias del señor Flores están más que justificadas.
Si su esposa estaba al borde de la muerte, dependiendo de una máquina para vivir...
¡Y este sujeto había mandado a cortarle el oxígeno! ¿Acaso no era un intento de asesinato a sangre fría?
Cualquier hombre en el lugar del señor Flores habría reaccionado con la misma furia implacable, ¿o no?

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