¡Y encima tenía el descaro de justificarse!
Si no fuera por él, Fiona nunca habría pasado por tantas desgracias.
De todo lo que le estaba ocurriendo ahora, ¿qué no era culpa suya?
—Reconozco mi error, lo siento, fui yo quien no supo proteger a Fiona. —Samuel sabía que la había hecho sufrir mucho y no dudó en agachar la cabeza para disculparse—. Pero ella acaba de pasar por un gran susto, ¿podrías dejar que descanse?
Ofelia finalmente se calló, aunque en su mirada aún se reflejaba una profunda inconformidad.
Al ver que Fiona se había quedado dormida, Samuel llevó en silencio a Ofelia fuera de la habitación. En los sofás de la sala de espera, sacó su celular y llamó a Abraham Reyes:
—¿Bueno? ¿Abraham?
—Soy yo, señor Flores. —Abraham se sorprendió bastante de recibir su llamada, pues esa tarde no estaba trabajando—. ¿Necesita algo?
Samuel dio una orden en tono gélido:
—Encuentra todos los contratos de actuación que Valeria Domínguez tiene actualmente y córtale el sueldo. A partir de hoy, queda oficialmente vetada en toda la industria por mi orden.
¿Vetada?
Esa palabra dejó a Abraham atónito, e incluso se atrevió a advertirle:
—Señor Flores, Valeria es la mina de oro de la Corporación Audiovisual Luján, su actriz principal. Además, acabamos de adquirir su Departamento de Gestión de Talentos. Si hace eso, ¿no teme que haya consecuencias?
Cabe recordar que el contrato de representación de Valeria acababa de ser transferido de la Corporación Audiovisual Luján al Grupo Vizcaya Continental.
¡Ni siquiera había calentado la silla y el presidente ya quería arruinarle la carrera!
¿En qué demonios había ofendido esa mujer al señor Flores?
¿Para provocar que quisiera destruirla por completo?


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