Al fin y al cabo, ¡ella era una actriz de cine reconocida!
¿Cuántas personas le habían rogado en el pasado para que fuera la protagonista de sus nuevas películas, y ahora todas brillaban por su ausencia?
¿No era eso demasiado cruel?
Andrés frunció el ceño:
—¿Acaso no es mejor así? Puedes aprovechar este tiempo para descansar en casa, relajarte y recargar energías. Cuando vuelvas a actuar, tus interpretaciones tendrán una mejor calidad.
—Además, no tienes que preocuparte por el dinero. Te depositaré una mensualidad puntualmente. Tendrás todo lo que necesites sin tener que soportar las inclemencias del clima durante las grabaciones. ¿No es genial?
Podría llevar una vida cómoda y libre, sin presiones ni las burlas de sus colegas.
Era el escenario ideal.
Sin embargo, Valeria lo rechazó al instante:
—¡No! ¡Me niego a aceptar ese plan! Andrés, sabes perfectamente que debuté como protagonista; no puedo soportar la idea de no tener proyectos. ¿Por qué no puedes ayudarme? Soy tu prometida, ¿no es así?
¿Qué significaba ser una pareja comprometida? Apoyarse mutuamente, confiar el uno en el otro y comprenderse.
Pero, mirándolo bien, ¿qué tenía él de prometido?
Si ni siquiera era capaz de solucionar su actual crisis laboral, ¿para qué lo necesitaba?
Era un inútil.
—¿Así que recuerdas que eres mi prometida? —Mencionar ese tema enfureció a Andrés—. Si tenías tan claro tu lugar, ¡¿por qué demonios fuiste a besar a Samuel en aquella cena?!
¿Acaso no entendía que la imagen de ella besando a Samuel se había convertido en su peor pesadilla?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera