—Esto no es asunto tuyo —respondió Fiona, decidida a no darle detalles. Al tratarse de un problema familiar, no quería lavar los trapos sucios frente a extraños—. Andrés, te agradezco mucho lo que has hecho hasta ahora, pero mantente al margen de esto.
Ella valoraba su ayuda genuinamente, pero si su tío estaba involucrado, tenía que manejarlo con absoluta confidencialidad.
Los secretos de familia no debían divulgarse, y menos a un hombre como él. ¿Quién aseguraba que no usaría esa información para chantajearla en el futuro?
El silencio era su mejor escudo.
¿Mantenerse al margen?
Andrés se quedó pasmado al oír eso.
—¿A qué te refieres con que me mantenga al margen? Fiona, ¿piensas usarme y luego desecharme como si fuera basura?
Le parecía de una crueldad extrema.
Había movido mar y tierra, usando todos sus contactos para conseguir los videos de seguridad antes que nadie y ayudarla a investigar, ¿y ahora que estaba a un paso de la verdad, ella quería apartarlo?
Eso no era justo.
—No intento desecharte, simplemente creo que no es apropiado que seamos tan cercanos —Fiona le recordó sus límites con firmeza—. Soy una mujer casada, y tú tienes una prometida. ¿Acaso lo olvidaste?
Aunque Andrés afirmaba haber dejado atrás a Valeria Domínguez, su compromiso seguía en pie.
Además, ella era la esposa de Samuel Flores. ¿Cómo podía justificar estar todo el tiempo pegada al mayor enemigo de su marido?
Como le había dicho Israel, cualquier secreto sería descubierto eventualmente.
Con el tiempo, Samuel lo notaría, y si llegaba a malinterpretar las intenciones de Fiona, ni todo el oro del mundo sería suficiente para limpiar su nombre.
Las palabras de Fiona hicieron que Andrés recordara su compromiso.

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