¡¿Tío José?!
Fiona parpadeó, incrédula. Retrocedió el video una y otra vez, enfocándose en el perfil del obrero, hasta convencerse de que ese hombre era José Santana, el mismo tío que había huido dejando un rastro de deudas de apuestas.
¿Acaso no estaba huyendo de los cobradores? ¿Qué hacía trabajando precisamente en la obra donde antes estaba su clínica? ¿Era posible que esto fuera solo una terrible casualidad?
Las dudas comenzaron a carcomerle la mente.
Andrés notó su parálisis al ver la pantalla y preguntó, intrigado:
—Fiona, ¿notaste algo raro en el video?
Si no, ¿por qué se había quedado congelada mirando la misma escena repetidas veces?
Era muy sospechoso.
Fiona lo ignoró por completo y se dirigió directamente al Gerente Zepeda.
—Gerente Zepeda, ¿quién es el encargado de contratar al personal? ¿Cualquiera puede entrar a trabajar en su obra?
Si su tío estaba detrás del "accidente" de Samu, entonces la tía Azucena y su familia estaban metidos hasta el cuello.
Incluso su prima Úrsula Santana se volvía sospechosa principal.
—Las contrataciones las maneja directamente el Capataz Mendoza. Él administra al personal de campo, y nosotros supervisamos a los capataces —explicó el Gerente Zepeda, descolocado por el interrogatorio—. Y sobre si cualquiera puede entrar... por supuesto que no. El acceso está estrictamente prohibido a personas ajenas a la obra.
Fiona guardó silencio un instante y luego exigió:
—¿Tiene el registro completo de todos los trabajadores de la obra? Necesito revisarlo.
—Señorita Santana, ¿para qué querría ver eso? Aunque se lo dé, no conocería a nadie —respondió el gerente, cada vez más confundido—. ¿Acaso identificó algo anormal en la grabación?

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