El desarrollo del embrión fue deficiente y tuvo que abortar. Provocó a Isabela a propósito para que tuvieran una fuerte discusión en las escaleras y se dejó caer intencionalmente por los escalones. Por supuesto, lo que Rodrigo y Elías vieron fue a Isabela empujándola.
Obviamente, no iba a poder salvar a ese bebé, así que aprovechó para tenderle una trampa a Isabela, convirtiéndola en el chivo expiatorio de su aborto.
Después de perder al bebé, hizo todo lo posible por cuidar su salud para volver a embarazarse, pero, por desgracia, hasta ahora no había habido noticias.
—¡Señora! —llamó Jimena mientras caminaba hacia la sala.
La mujer de servicio no le respondió.
Jimena se sentó en el sofá, un poco molesta. ¿Dónde diablos se había metido el personal?
—¡Señora! —alzó la voz, llamándola de nuevo.
—Voy, señora Jimena —llegó corriendo el ama de llaves.
—El señor Silva llegó, fui a abrirle la puerta —se justificó la mujer.
Si la señora Jimena se había atrevido a asesinar a la señora de la casa, la empleada le tenía un pánico mortal.
Jimena soltó un sonido de afirmación.
—¿Elías está aquí? ¿Dónde está?
—Le abrí la reja para que el chofer del señor Silva pudiera entrar con el coche. Escuché que me llamaba y regresé corriendo. El señor Silva entrará en cualquier momento.
—¿Tiene hambre, señora? Antes de irse, el señor Rodrigo me pidió que le preparara todos sus platillos favoritos —preguntó la empleada con respeto—. ¿Quiere comer ahorita o más al rato?
Jimena se puso de pie.
—Ahorita mismo, me muero de hambre.
Elías no era un extraño. Se conocían tan bien que, si él llegaba y la veía comiendo, la esperaría o simplemente la acompañaría en la mesa. No tenía sentido esperar a que Elías se fuera para desayunar.
El ama de llaves se metió corriendo a la cocina y sacó el desayuno de Jimena.
Jimena se sentó a la mesa del comedor y vio que le habían servido varios platillos. Todos le encantaban, aunque normalmente los alternaba; no solía comer tantas cosas diferentes en una sola sentada.

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