Durante el periodo de espera para su divorcio con Elías, vivía con el terror de que él se arrepintiera y cancelara el trámite.
Por suerte, Elías cumplió su palabra y no intentó retenerla a la fuerza.
Comparada con esas parejas que se destrozaban en los juzgados, ella y Elías se habían separado en términos bastante civilizados.
Y aun así, esa única experiencia la había dejado marcada.
Por eso, no iba a tomar decisiones apresuradas sobre su futuro con Álvaro. Si tenían que ser novios por varios años, estaba perfecto.
Si él no estaba dispuesto a esperar, era libre de terminar con ella y buscarse a alguien más.
—Exacto, nadie puede garantizar que un matrimonio durará toda la vida. Estoy segura de que cuando la mayoría de la gente se casa, se aman profundamente y creen que estarán juntos hasta la muerte.
—Pero la realidad es que muchas parejas se separan en el camino. No logran llegar al final, y algunos hasta terminan odiándose como peores enemigos.
—Mejor quedarse de novios, solo romances sin firmar nada —afirmó Melina—. Si quieres un hijo, lo tienes y ya, sin papeles de por medio. Total, nosotras podemos mantenerlos solas.
—Sin matrimonio no le debes explicaciones a nadie, ni tienes que lidiar con los suegros, y el hombre siempre tendrá que tratarte con respeto. En un matrimonio, si hay violencia, llamas a la policía y lo primero que hacen es intentar que se reconcilien.
—Pero si no están casados y te levantan la mano, es un delito directo de agresión física.
Isabela no podía estar más de acuerdo con Melina.
Siguieron platicando un buen rato hasta que Isabela recibió una llamada y tuvo que despedirse.
Había surgido una emergencia en su oficina. Regresó para resolverla, y para cuando terminó, ya era hora de salir.
Como no tenía cenas de negocios programadas, decidió buscar a su mejor amiga para ir a comer. Su amistad seguía intacta, pero llevaban tiempo sin compartir una comida a solas.
Apenas puso un pie fuera del edificio, vio a Ulises Peña.
Estaba recargado sobre el capó de su auto, escoltado por varias camionetas negras de las que lo vigilaban discretamente sus guardaespaldas.
Llevaba un enorme ramo de flores en las manos.

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