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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1022

—Elías, si te dijera que ese sueño tuyo en realidad sucedió en el pasado, ¿me creerías?

Isabela preguntó en voz suave:

—¿Crees en reencarnar en esta misma vida? Me refiero a tener la oportunidad de empezar todo otra vez.

Elías se quedó callado.

Ese extraño sueño lo había absorbido tanto que, al despertar, ni siquiera estaba seguro de si seguía soñando o si ya había vuelto a la realidad.

Si en verdad todo eso hubiera ocurrido...

No, no era real. Isabela estaba vivita y coleando, no había muerto. Había recuperado el apellido de su padre, abrió su propia empresa y ganaba bastante bien.

Su situación actual era muchísimo mejor de lo que había sido en ese sueño.

—La verdad, ni siquiera yo sé si fue un sueño o algo que pasó de verdad. En nuestra noche de bodas, lloré tanto que me quedé dormida por el agotamiento. Sentí como si hubiera soñado toda una vida. Al despertar, yo también estaba confundida, sin saber qué era sueño y qué era realidad. Estuve llorando por varios días seguidos.

—Tú ya sabes todo lo que hice después de eso.

—Me imagino que todos pensaron que había cambiado de la noche a la mañana. ¿Acaso Jimena te dijo alguna vez que yo ya no era la misma, que parecía que estaba poseída?

Elías apretó los labios y, finalmente, asintió con un tenue murmullo.

—A mí no me importa si fue un sueño o la pura realidad. Si me quedaba claro que, al seguir amándote y al pelearme con Jimena, mi destino era terminar muerta, por supuesto que iba a hacer todo lo posible por cambiarlo.

—Elías, nosotros ya nos divorciamos, terminamos las cosas por la paz. No hay necesidad de llegar a los extremos de aquel sueño, donde no quedó ni una pizca de cariño y yo terminé con un final espantoso. Imagino que a ti también te pegó duro mi muerte, ¿o me equivoco?

Quería averiguar quién había asesinado a Isabela en ese mundo alterno.

Y resulta que, tras quedar al borde de la muerte por el choque automovilístico, por fin volvió a soñar con lo mismo.

Esta vez sí llegó hasta el final del sueño y descubrió la verdadera identidad de la asesina de Isabela. También experimentó en carne propia la inmensa agonía de perderla, dándose cuenta de que sus sentimientos hacia ella no eran nulos. Desgraciadamente, ese arrepentimiento había llegado demasiado tarde.

En aquel sueño, Isabela ya estaba muerta, e incluso la mujer de la que alguna vez estuvo enamorado había sido condenada a muerte. De las dos mujeres que formaron parte de su vida amorosa, ninguna se quedó con él al final. Se quedó completamente solo, y lo único que le quedaba era ir cada Día de Muertos al cementerio a visitar la tumba de la mujer que alguna vez fue su esposa.

En ese sueño, el arrepentimiento lo consumía. Constantemente fantaseaba con que si pudiera retroceder el tiempo, si tan solo le dieran otra oportunidad, la trataría como a una reina, pasaría el resto de sus días a su lado y serían esposos por toda la eternidad.

Sin embargo, al despertar del coma, la realidad le soltó una bofetada. Él ya se había divorciado de Isabela desde hacía rato; e incluso su suegra se había separado del señor Lorenzo Méndez. Isabela había vuelto a usar el apellido de su padre, así que ahora era Isabela Romero... o mejor dicho, ese siempre fue su verdadero nombre.

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