—Elías, si te dijera que ese sueño tuyo en realidad sucedió en el pasado, ¿me creerías?
Isabela preguntó en voz suave:
—¿Crees en reencarnar en esta misma vida? Me refiero a tener la oportunidad de empezar todo otra vez.
Elías se quedó callado.
Ese extraño sueño lo había absorbido tanto que, al despertar, ni siquiera estaba seguro de si seguía soñando o si ya había vuelto a la realidad.
Si en verdad todo eso hubiera ocurrido...
No, no era real. Isabela estaba vivita y coleando, no había muerto. Había recuperado el apellido de su padre, abrió su propia empresa y ganaba bastante bien.
Su situación actual era muchísimo mejor de lo que había sido en ese sueño.
—La verdad, ni siquiera yo sé si fue un sueño o algo que pasó de verdad. En nuestra noche de bodas, lloré tanto que me quedé dormida por el agotamiento. Sentí como si hubiera soñado toda una vida. Al despertar, yo también estaba confundida, sin saber qué era sueño y qué era realidad. Estuve llorando por varios días seguidos.
—Tú ya sabes todo lo que hice después de eso.
—Me imagino que todos pensaron que había cambiado de la noche a la mañana. ¿Acaso Jimena te dijo alguna vez que yo ya no era la misma, que parecía que estaba poseída?
Elías apretó los labios y, finalmente, asintió con un tenue murmullo.
—A mí no me importa si fue un sueño o la pura realidad. Si me quedaba claro que, al seguir amándote y al pelearme con Jimena, mi destino era terminar muerta, por supuesto que iba a hacer todo lo posible por cambiarlo.
—Elías, nosotros ya nos divorciamos, terminamos las cosas por la paz. No hay necesidad de llegar a los extremos de aquel sueño, donde no quedó ni una pizca de cariño y yo terminé con un final espantoso. Imagino que a ti también te pegó duro mi muerte, ¿o me equivoco?

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