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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1034

—Señorita Romero.

El secretario vio a Isabela y, tras saludarla con educación, la acompañó hasta la puerta de la oficina de Rodrigo.

—El señor Rodrigo ya sabe que está aquí y la está esperando. Pase, por favor.

El joven tocó la puerta por ella y, tras recibir la autorización desde el interior, abrió para dejarla pasar.

—Señor Rodrigo, la señorita Romero está aquí.

Rodrigo murmuró una afirmación y, con un ademán, le indicó a su secretario que podía retirarse.

Isabela caminó directo al escritorio de Rodrigo y tomó asiento.

Cuando entró, Rodrigo ni siquiera levantó la vista. Fue hasta que ella se acomodó en la silla que él por fin la miró y le reprochó:

—Ni siquiera te he ofrecido asiento y ya te sentaste. Qué falta de educación.

—¿Qué diferencia hay si tengo modales o no contigo? De todos modos vas a encontrar la forma de criticarme.

Rodrigo se quedó sin palabras por un instante.

—¿A qué viniste? —preguntó directamente, yendo al grano.

—A traerte una sorpresita. No sé quién me la mandó, pero creo que a ti te servirá más.

Isabela tampoco anduvo con rodeos y arrojó un sobre de mensajería sobre el escritorio.

Rodrigo le echó un vistazo. Vio que el destinatario era Isabela y el remitente era anónimo. Frunció el ceño.

—¿Qué es esto? Si te lo mandaron a ti, ¿por qué me lo traes a mí? ¿Una sorpresa?

Más bien, un buen susto.

Isabela odiaba a su matrimonio a muerte, ¿cómo iba a llevarle algo bueno?

Sin molestarse en abrirlo, Rodrigo tomó el sobre y se lo arrojó de vuelta.

—No me importa lo que haya adentro. Si no es para mí, no lo quiero ni lo voy a ver. Si no quieres guardarlo, tíralo a la basura y ya.

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