¿Fuiste a ver a Marco?
Isabela asintió. —Sí, fui a buscarlo para que me ayudara con algo, pero es muy tacaño y no aceptó. Me dijo que viniera a hablar contigo.
Dejando el ramo a un lado, Isabela se sentó en el sofá y preguntó: —¿Todavía te duele la cabeza?
—¿Acaso te importa si me duele o no?
Isabela replicó: —¿Necesitas que yo me preocupe por ti? Deberías llamar a mi cuñada y decirle que anoche te emborrachaste y hoy te estás muriendo de dolor de cabeza. Una palabra de consuelo de ella vale más que mil mías.
Elías se quedó sin palabras y su expresión sombría se suavizó considerablemente.
Siempre que se mencionaba a Jimena, se sentía en deuda con Isabela.
—Marco me dijo que quieres invertir en series web cortas.
—Así es, ¿estás de acuerdo? Habla con Marco por mí, dile que coopere conmigo sin importar lo que le pida.
Elías volvió a molestarse. ¿Qué era ese tono?
—Seguro te sobra el dinero que te doy, ¿verdad? Te pesa tanto que buscas cómo gastarlo, invirtiendo en no sé qué cosa. Invertir es la forma más rápida de arruinarse.
Mientras se quedara en casa tranquila, portándose como la señora Silva, el dinero que él ganaba le alcanzaría para vivir diez vidas.
—No es mucho, de hecho, no es suficiente. Elías, ¿puedo pedirte un adelanto de tres años?
Elías se quedó mudo.
—Me aburro mucho en casa, así que quiero ganar algo de dinero. Creo que el negocio de las series cortas va a ser muy bueno en los próximos dos años y quiero aprovechar la oportunidad.
—Isabela, las mujeres de la familia Silva no necesitan exponerse en público. Solo deben quedarse en casa y cuidar de su esposo y sus hijos —dijo Elías con frialdad—. Si te atreves a invertir, te cortaré el dinero.
Isabela sonrió de oreja a oreja. —No necesito tu ayuda. Con que no me lo impidas y me dejes hacer lo que quiera, es suficiente.
»Además, tú mismo dijiste que no nos meteríamos en los asuntos del otro. Que yo podía hacer lo que quisiera siempre y cuando no manchara el nombre de la familia Silva.
»Invertir y hacer negocios no va a manchar el apellido de su familia.
Además, así podría conocer a más hombres guapos.
Cuando ganara su propio dinero y se divorciara de Elías, tendría de sobra para mantener a cuantos quisiera. No le interesaba volver a enamorarse ni casarse.
—Puedes invertir y hacer negocios, no te lo impediré. Pero tienes que firmar un documento garantizando que no te involucrarás demasiado con esos actores. Debes mantener la distancia.
»¡Isabela, recuerda que ahora eres la señora Silva, mi esposa!

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