—Tal como es ahora, sin la educación adecuada y con una visión tan limitada, si te acompaña a algún evento, te dejará en ridículo a ti y a toda la familia Silva.
Elías rechazó la propuesta de su madre.
—Yo me encargaré de educar a mi esposa, no te molestes, mamá.
—Tú encárgate de educar bien a Sofía. No la consientas demasiado, no vaya a ser que se gane una mala reputación y luego no encuentre un buen partido. No te arrepientas después.
—¿Hay algo más, mamá? Si no, voy a colgar. Es fin de semana y mi esposa quiere ir a casa de sus padres. Tengo que acompañarla.
Dicho esto, Elías colgó sin esperar la respuesta de su madre.
Al ver que su hijo le había colgado, la señora Silva se puso furiosa. Arrojó el celular sobre la mesita de centro, y este resbaló, casi cayendo al suelo. Sofía, que estaba sentada frente a ella, lo atrapó con rapidez.
Se levantó, se sentó junto a su madre y le devolvió el celular.
—Te lo dije, mamá. Isabela es una arrogante. ¡Mira, ni siquiera te respeta! Seguramente piensa que en el futuro será la matriarca de la familia Silva y que todo se hará como ella diga.
—La abuela, tú y papá todavía están aquí, y ya me trata así. Cuando de verdad sea la jefa de la familia, ¿qué será de mí? Seguro me echa de la casa. Y cuando me case, ni siquiera me dejará volver de visita.
Valeria respiró hondo varias veces para calmar su enojo.
Le dio un golpecito en la frente a su adorada hija y le dijo:
—Tú sí que estás consentida, mi niña. Siempre haces lo que quieres.
—Ya te he dicho que a tu hermano no le gustan tus amigas. No las lleves a su casa a cada rato. Si lo haces enojar, te irá mal.
—Pero crecieron juntos. Hasta yo, que no soy muy lista, me di cuenta de que mi hermano consentía mucho a Jimena. Si no la amara, ¿por qué la trataría así?
Sofía estaba convencida de que su hermano amaba profundamente a Jimena.
—Todo eso fue una falsa impresión que tuvimos —dijo Valeria—. Quizás tu hermano solo la ve como una amiga de la infancia, como una hermana pequeña. El que hayan crecido juntos no significa que terminen casados. Pueden ser amigos toda la vida, con un cariño que va más allá de la amistad, casi como familia.
—Si de verdad la amara tanto, habría competido con Rodrigo por ella. Nosotros somos la familia más poderosa, los Méndez están varios puestos por debajo. Además, tenemos relaciones comerciales mucho más estrechas con la familia Castillo.
—Si hubiera competido con Rodrigo, habría tenido muchas posibilidades de ganar. Por lo menos, la familia Castillo se habría inclinado a favor de tu hermano.
Sofía hizo un mohín y empezó a murmurar algo en voz baja, sin que se entendiera qué decía.

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