Álvaro preguntó de repente, con un tono de preocupación.
—Si no, ¿cómo un hombre tan inteligente como Elías podría hacer algo así, dejarse manipular por Jimena? Sinceramente, ni en belleza ni en clase, Jimena se compara con Isabela.
»Isabela parece más una heredera de alta sociedad que ella. Elías de plano tiene mal gusto, no ha sabido ver lo buena que es Isabela.
Álvaro no dejaba de elogiar a Isabela.
Adrián sospechaba seriamente que a su amigo le gustaba Isabela, aunque no quisiera admitirlo.
«Ay, qué enredo», pensó. «Elías ama a Jimena, pero Jimena ama a Rodrigo, y si a Álvaro le gusta Isabela... ¡Esto es un caos total!»
No por nada eran amigos de Elías. A todos les gustaban las mujeres casadas...
«¡No, qué digo! Nosotros no somos así».
Adrián se apresuró a negar que él y Álvaro fueran como Elías.
A él no le gustaba la esposa de nadie.
—La belleza está en los ojos de quien mira. Ellos crecieron juntos, son verdaderos amigos de la infancia —dijo Adrián con calma.
»Álvaro, deja de meterte en los asuntos de Elías. Vámonos, vamos a comer algo rico.
Se puso de pie.
—Isabela todavía está volando su papalote —dijo Álvaro.
—Déjala que siga. Ella no vino con nosotros. Solo hay que avisarle que nos vamos. Me di cuenta de que ella tampoco quiere estar tan cerca de nosotros.
Álvaro lo pensó un momento, luego se levantó, se acercó a Isabela y le dijo que él y Adrián ya se iban a su casa.
—Señor Morales, usted y el señor Delgado pueden irse. Yo me quedaré a jugar un rato más.
Isabela se estaba divirtiendo y no quería volver tan pronto.
Regresar sería aburrido, solo para estar mirando a Elías sin decir nada.
Prefería quedarse a volar su papalote.
Además, había mucha gente y el ambiente era animado.
Incluso estaba compitiendo con dos niños para ver quién volaba su papalote más alto y mejor.
Álvaro quiso decir algo más, pero al final se rindió y, poco después, se fue de la playa con Adrián.
***



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