El celular de Isabela sonó de repente.
Sacó su celular para ver quién llamaba. Era un número desconocido, pero después de dudar un momento, contestó.
—Señora Silva, el señor Silva tuvo un accidente.
La llamada era de un guardaespaldas de la familia Silva.
Tan pronto como Isabela contestó, el guardaespaldas le dijo con urgencia:
—El señor Silva se dirigía de regreso a la sucursal cuando sufrió un ataque coordinado por dos tráileres que lo embistieron por delante y por detrás. El conductor, para esquivarlos, se estrelló contra la valla de contención y el carro volcó un par de veces hasta caer en el carril contrario.
»El conductor y el señor Silva resultaron heridos y están inconscientes. Fueron trasladados de emergencia al hospital.
Al escuchar eso, la sonrisa de Isabela se borró por completo.
Aunque ya no amaba a Elías, después de todo, habían sido esposos; en su vida pasada, por tres años, y en esta, por seis meses.
No deseaba que a Elías le pasara nada malo.
—¿Y cómo se supone que lo estaban protegiendo?
—Señora Silva, lo siento, no pudimos proteger bien al señor Silva. Varios vehículos nos rebasaron y nos bloquearon el paso deliberadamente, separándonos del auto del señor Silva.
»Ya llamamos a la policía. Sospechamos que alguien está intentando atentar contra la vida del señor Silva.
»Señora Silva, le enviaré la ubicación del hospital. ¿Podría venir, por favor? El señor Silva está muy grave.
Isabela guardó silencio un momento y luego dijo:
—Ya no soy su señora Silva.
Tras una pausa, añadió:
—Envíame la ubicación. Lo pensaré.
—De acuerdo.
—Díganle al médico que lo salven sin importar el costo. Si no lo logran, ustedes también estarán en problemas.
Elías era el líder de la familia Silva. Si algo le pasaba, los guardaespaldas que lo acompañaban en este viaje de negocios, sin duda, se meterían en un gran lío.
Isabela colgó el teléfono.
—¿Qué pasó? ¿Le sucedió algo a Elías? —preguntó Álvaro, preocupado.

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