Perspectiva de Laila.
—¡La potencia de Solantia escasamente acaba de estampar su firma en un armisticio con nuestra corona! Accedieron de forma voluntaria a la delimitación de las fronteras y al cumplimiento de un tratado de cese de hostilidades bélicas. ¡Si cometieran la osadía de dinamitar las cláusulas de dicho acuerdo de forma inmediata, se verían privados de conservar la menor pizca de credibilidad internacional! ¿Qué nación se arriesgaría a entablar tratados mercantiles con sus emisarios en el porvenir?
El semblante del Rey Alfa destilaba una rigidez gélida al tiempo que añadía:
—¡Sumado a eso, apenas en la jornada de ayer registré el arribo de las bitácoras de guerra remitidas desde las líneas de Vagen! Los informes detallan que las operaciones militares se desarrollan con un éxito rotundo, localizándose en las etapas conclusivas de la campaña. ¿Bajo qué lógica pretendes asegurar que se gesta una contraofensiva de semejantes proporciones? ¡La potencia de Solantia y el Reino Ovila se han visto privados de estructurar alianzas militares desde hace prácticamente una centuria entera!
Me había anticipado a sus dudas estratégicas; procedí a extender el pliego documental que traía conmigo.
—Este informe fue estructurado por el puño y letra de mi superior, el Señor Green. Le ruego que tenga la bondad de realizar el escrutinio correspondiente, Su Majestad. Otorgar validez o desestimar las advertencias constituye una determinación que descansa estrictamente en sus facultades.
Por supuesto, Shane distaba de ser el autor real de aquellas líneas; la recolección de los datos de inteligencia correspondía a las redes de espionaje de Tracy. No obstante, Shane había concluido su adiestramiento en las aulas de la Academia Moonlight a los escasos 18 años.
Habiendo invertido sucesivas lunas recorriendo la demarcación del Reino Rydar en labores de caza de hombres lobo renegados, consolidando una reputación intachable en la región. El Rey Alfa siempre había manifestado una profunda admiración hacia sus destrezas; debido a ello, resolví falsificar sus trazos caligráficos abrigando la esperanza de conferirle credibilidad al informe ante los ojos del monarca.
En cuanto el nombre de Shane se registró en el diálogo, el soberano adoptó un semblante de absoluta seriedad para realizar el escrutinio de los folios. Sin embargo, conforme sus ojos avanzaban en la lectura, su entrecejo se contrajo de forma pronunciada denotando descontento.
—¡Qué descaro el tuyo! ¡Laila, has cometido la osadía de estructurar una falsificación caligráfica con el único fin de embaucar mis decisiones! ¡Este documento pretende asegurar que Shane redactó las líneas desde las demarcaciones de los archipiélagos de Ovila, pero la marca textil de este papel corresponde de forma exclusiva a las fábricas asentadas en el Reino Rydar! Las hostilidades bélicas entre ambas potencias se han prolongado por tres lunas consecutivas. Resulta inviable que haya tenido los medios para adquirir este material en esas latitudes.
El tono del Rey Alfa destilaba una certeza absoluta. Me constaba que sus capacidades analíticas habían desmantelado mi estratagema en un abrir y cerrar de ojos. Me había visto privada de alternativas; constituía la única vía que mis pensamientos lograron estructurar para forzarlo a otorgar validez a la fuente de inteligencia. Lamentablemente…
—Laila, ¿acaso tus capacidades cognitivas omiten registrar que el simple acto de presentar un documento apócrifo ante mi jerarquía me provee de las facultades legales para decretar tu ejecución inmediata en este mismo salón? —El monarca supremo me clavó una mirada gélida.
Le sostuve el escrutinio sin permitir que la flaqueza hiciera mella en mis gestos.
—Su Majestad, soy plenamente consciente de que incurrí en una falta de gravedad al falsificar los trazos del informe. ¡No obstante, empeño mi propia existencia en calidad de garantía de que los datos estratégicos se alinean estrictamente con la realidad! ¡Le resulta indispensable coordinar el envío inmediato de contingentes de refuerzo hacia las trincheras de Vagen! Me encuentro en la disposición de…
—¡Suficiente!
El Rey Alfa me cortó la palabra de forma tajante, al tiempo que un profundo destello de desilusión se dibujaba en sus facciones.
—Laila, encarnas a la última sobreviviente del linaje Conlay. ¿Pretendes acaso que comisione tu salida al frente? ¿Es que posees el menor conocimiento sobre cómo liderar una campaña bélica?
—Yo…
—¡Laila! —El monarca interrumpió mis intenciones de nueva cuenta—. ¿Te resulta imposible mostrar un ápice de madurez y cordura? ¿O es que acaso te diste a la tarea de estructurar estas falacias con el único fin de presionar para que Holt en comunión con Maris sean remitidos de vuelta a las trincheras de Vagen, abrigando la baja esperanza de que hallen su fin en el frente? ¡Laila, eres la digna heredera del General Conlay! ¡Las entrañas de tus hermanos dieron vida a héroes que mantuvieron la frente en alto exhibiendo un orgullo inquebrantable! ¡Tus miras estratégicas se ven imposibilitadas para reducirse a una mezquindad de semejantes proporciones!
Sus recriminaciones provocaron que mis facciones se encendieran en un vivo tono escarlata debido a la humillación.

«¡Maldita sea su estampa! ¡Se negó en redondo a otorgar validez a nuestras advertencias!».
«¡Debiste haberme concedido la libertad de manifestarme! ¡Me habría encargado de exhibir mis colmillos ante su jerarquía para dejarle en claro que nuestra naturaleza dista de restringirse a la condición de una Omega desvalida! ¡Poseemos las destrezas para entablar combate!».
«La responsabilidad recae sobre mis determinaciones previas; invertí las últimas tres lunas permitiendo que las comunidades asumieran que mi loba carecía de potencial combativo».
«Bajo este escenario, ¿cuál será nuestra línea de acción? ¿Nos limitaremos a contemplar cómo nuestro compañero del porvenir halla su fin en medio del Campo de Batalla de Vagen?».
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí!