Perspectiva de Laila.
«Nita, tus argumentos comienzan a carecer de seriedad; con este estratega ya sumas el octavo macho respecto al cual aseguras percibir un "presentimiento" en tus entrañas…».
Antes de esta encrucijada, se había encargado de sugerir que Shane o Tracy poseían las cualidades necesarias para vincularse a nuestra naturaleza en calidad de consortes del porvenir. Experimentaba un sutil fastidio ante sus ocurrencias, pero Nita se mostró enteramente desprovista de manifestar vergüenza alguna ante mis recriminaciones. Se limitó a lamerse la extremidad exhibiendo un semblante despreocupado:
«¿Qué trascendencia real pretendes adjudicarle a ese detalle? Custodiamos un nivel de poder de verdad descomunal. Somos merecedoras de vincularnos exclusivamente al macho o hembra que exhiba las cualidades más excelsas del reino para nivelarse con nuestra naturaleza, distamos de tener que conformarnos con un rústico y bien parecido de pacotilla como Holt».
Nita jamás había guardado una verdadera consideración hacia la figura de Holt, a pesar de que él encarnaba al compañero que la Diosa de la Luna nos había asignado originalmente por vía del destino. Dejé escapar un hondo suspiro, provocando que Nita interpusiera sus reclamos de forma inmediata:
«¡No, no, de ninguna manera! ¡Abstente de suspirar, Laila! ¡Mis planteamientos se alinean estrictamente con la realidad! ¡Hasta que la Diosa de la Luna se digne a concedernos la gracia de una segunda oportunidad legítima, cualquier estratega poseedor de un poder imponente cuenta con las credenciales para erigirse en nuestro consorte del porvenir!».
Tras una breve pausa, Nita añadió:
«De no haber formalizado el Rey Alfa su unión con una compañera legítima en su corte arriesgaría a asegurar que su figura debería vincularse a nuestra naturaleza. Laila, custodiamos una fuerza avasalladora. Nuestro lugar legítimo es detentar el rango de la Luna suprema del Reino Rydar».
Me quedé completamente desprovista de palabras ante sus delirios de grandeza.
«Te ruego que ceses de proferir semejantes impertinencias de una buena vez».
Clavé la mirada en el informe remitido por Tracy, ignorando los murmullos de Nita por completo, sumiéndome en una profunda reflexión. Sus redes de espionaje jamás habían aportado datos erróneos; aquello significaba que el escenario bélico en los terrenos de Vagen se transformaría en una encrucijada de extrema gravedad en breve.
Si la Corte Real se empecinaba en omitir el envío inmediato de contingentes de refuerzo, la existencia de Samuel llegaría a su fin en medio de las trincheras. Y la totalidad de los soldados adscritos a sus órdenes se verían privados de retornar al seno de sus hogares para reencontrarse con sus familias.
Me resultaba moralmente imposible fingir demencia ante la situación. Sumado a eso, consolidar la reconquista de Vagen había constituido el anhelo más ferviente de mi padre y de mis hermanos en vida. Me veía compelida a marchar hacia las trincheras por mis propios medios.
No obstante, previo a ejecutar el desplazamiento, requería agilizar el respaldo político del Rey Alfa. Al despuntar el alba de la jornada siguiente, adopté mi fisonomía de loba para emprender una veloz carrera desde los linderos de la Manada Silvermoon con dirección a las instalaciones de la Corte Real.
«Qué porte tan imponente posee».
«Con justa razón figura en el catálogo de nuestros candidatos al porvenir».
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí!