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¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí! romance Capítulo 46

Perspectiva en tercera persona.

A decir verdad, aguardar el arribo definitivo de las huestes de apoyo comandadas por la figura de Holt constituía la alternativa inmensamente más segura bajo parámetros estrictamente tácticos, es verdad; no obstante, la anatomía de los batallones se veía aquejada por los estragos de una inanición severa que rebasaba los límites de lo admisible.

¡Los recursos logísticos e insumos alimenticios se desvanecían de las despensas con una velocidad inmensamente superior al transcurrir de la penumbra plateada en el firmamento! Antes de verse reducidos a la penosa necesidad de desgarrar las carnes de sus propios hermanos emulando las dinámicas de lobos hambrientos, les resultaba indispensable triturar las estructuras de la urbe amurallada del enemigo en primera instancia.

Sin embargo, previo a que las maniobras de saqueo logístico formal dieran inicio en las instalaciones, la figura de Laila custodiaba una misión de carácter excepcional por ejecutar en el frente… Los combatientes de jerarquía de rango Alfa poseedores de un poder descomunal debían infiltrarse en las inmediaciones de los baluartes fortificados en primera instancia, con el firme propósito de dinamitar la operatividad de las balistas impregnadas de ponzoña química y desarticular los engranajes destinados al vertido de aceite hirviendo apostados en las almenas.

¡Únicamente consumando dicha tarea con absoluta pulcritud contaría la comandancia con las herramientas indispensables para mitigar de forma drástica el volumen de bajas de las tropas regulares, incrementando las probabilidades matemáticas de consolidar un asalto exitoso a las murallas!

Samuel tomaría la determinación de liderar personalmente a dicho escuadrón de ejecuciones selectas de colmillos de rango Alfa. Ningún osado interpuso objeciones ante su directriz debido a que, bajo las leyes de hierro que rigen a la raza de hombres lobo, el colmillo más afilado y contundente se encuentra obligado de forma legítima a encarar el escudo de mayor resistencia en el combate.

Al filo de las 03:00 de la madrugada, las efectividades consolidaron su concentración al pie de los muros fortificados, fundiéndose sus siluetas con las sombras densas de la noche de forma unánime. El escrutinio del Príncipe Vance barajó absolutamente cada una de las facciones de los presentes semejando el impacto de una hoja helada, deteniendo la fijeza de su mirada grisácea argéntea sobre la fisonomía de Laila escasamente un efímero instante antes de reanudar su marcha visual.

—Al margen de la identidad de la efectividad militar que consiga consumar el objetivo en primera instancia, desplace sus pasos hacia las secciones inferiores a la brevedad con el firme propósito de violentar los cerrojos de los accesos principales de la urbe amurallada. —El timbre de su voz brotó con un matiz grave y de baja intensidad, denotando una firmeza tal que pareció quebrar la rigidez del viento helado que azotaba la estancia—. El contingente remanente se valdrá de los aullidos de lobo a modo de código estratégico para coordinar un despliegue de cobertura táctica absoluta.

—¡Acatamos sus directrices con la debida marcialidad, Su Alteza!

Samuel asintió con la cabeza de forma concluyente. En la efímera fracción de segundo previa a ejecutar el salto vertical con el fin de asaltar la estructura de la muralla, sus ojos grisáceos volvieron a fijarse en las facciones de Laila de nueva cuenta, pero en esta ocasión, se abstuvo de desviar la mirada hasta que la joven levantó la barbilla de forma altiva, sosteniendo el escrutinio adoptando la marcialidad característica de una loba guerrera.

—¡Den inicio al desplazamiento táctico!

¡Las operaciones del asalto a la urbe amurallada registraban su inicio! Samuel se proyectó hacia las alturas de la almena semejando el impacto de un destello de relámpago argénteo en medio de la penumbra; su irrupción intempestiva se encargó de activar los aullidos de alarma del enemigo de forma fulminante, desatando una tormenta de proyectiles de flecha en su dirección.

En medio de aquella fracción de segundo dominada por el caos táctico, Laila en comunión con las efectividades de rango Alfa de su escuadrón se deslizaron entre las instalaciones de los baluartes asemejando espectros de la noche. Tras desarticular la operatividad de las balistas de defensa y neutralizar los mecanismos logísticos remanentes con una celeridad pasmosa, Laila procedió a ejecutar un salto vertical directo hacia las secciones inferiores con el único fin de violentar los accesos principales de la plaza.

Durante las fases del descenso, sus capacidades visuales alcanzaron a registrar un destello irregular por el rabillo del ojo: la figura del Príncipe Samuel, rodeado por un contingente de lobos de rango Alfa del enemigo, persistía en mantener firme su posición de combate en medio de las almenas.

Las hebras de su pelaje de lobo de un tono azul marino profundo se mostraban erizadas en medio de la carnicería, al tiempo que sutiles arcos de relámpagos de tonalidades azuladas blanquecinas corrían bajo la estructura de su piel con fluidez. ¿Bajo qué conceptos estratégicos se explicaba semejante fenómeno biológico?

Un sutil destello de curiosidad cruzó mis pensamientos en una fracción de segundo, es verdad; no obstante, se veía privada de la flexibilidad necesaria para dilapidar las capacidades de su mente en conjeturas en esos momentos. Retardar la apertura de los portones fortificados constituía una negligencia inadmisible para los intereses del ejército.

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