Perspectiva de Laila.
La encrucijada que se desató a continuación en las instalaciones distó por completo de alinearse con las variables de un combate regular; se transformó en un auténtico averno de carnes trituradas y fluidos corporales vertidos sin la menor contemplación.
Las garras desarticulaban la estructura del pelaje de los oponentes con ferocidad implacable, al tiempo que los colmillos pulverizaban las piezas óseas del detractor de forma fulminante, proyectando ráfagas de sangre caliente que dibujaban caprichosos tótems marciales sobre la superficie de la nieve inmaculada.
Las siluetas de los lobos se entrelazaban describiendo las volteretas más bizarras conforme se precipitaban contra el suelo, batiéndose los lamentos agudos emanados de las tráqueas rebanadas con las aclamaciones de triunfo de los batallones en medio de una sinfonía de alcances de verdad dantescos en el frente.
Laila se encargó de estructurar un sendero colmado de exterminio a través de las huestes enemigas valiéndose de sus propias garras de forma implacable. Las hebras de su pelaje de tonalidades argénteas blanquecinas se mostraban saturadas por una coloración rojiza incandescente debido a los fluidos vertidos, batiéndose su respiración de forma constante con el penetrante hedor metálico a óxido y muerte que gobernaba la atmósfera.
Tres mil efectivos frente a un ejército de 20 mil combatientes detractores «semejante disparidad matemática significaba que cada combatiente adscrito a las banderas de Rydar se encontraba obligado de forma legítima a anular la existencia de un contingente mínimo de 6 lobos del oponente antes de verse superado en el combate».
Tras sortear 4 horas consecutivas de hostilidades bélicas de una crueldad extrema, el grueso de las fuerzas enemigas experimentó una aniquilación total en la demarcación; el contingente remanente de sus líneas coordinó un repliegue táctico apresurado con dirección a sus fronteras de origen.
De la plana de las 3 mil efectividades que Laila se encargó de liderar hacia los silos logísticos en primera instancia, escasamente un volumen superior al millar de combatientes consiguió mantenerse en pie de guerra al término del combate.
Si ese remanente milenario de efectividades logró eludir los linderos de la muerte, se debió exclusivamente al nivel de exterminio extenuante que las cinco efectividades de jerarquía de rango Alfa de la academia se desvivieron ejecutando en favor de las líneas de forma sistemática.
Habían triturado el núcleo operativo de las huestes enemigas valiéndose de sus garras. Ninguna de las escaramuzas armadas que habíamos sorteado en las jornadas previas nos había infligido semejante nivel de degradación física.
Nos desplomamos sobre la superficie del suelo congelado, viéndonos privadas de la flexibilidad necesaria para relajar la vigilancia, jalando aire de forma entrecortada en densas bocanadas en medio de las trincheras.
Las emanaciones de la sudoración corporal se batían con los fluidos de la sangre vertida, deslizándose desde las facciones de nuestros rostros de forma constante. Sometidos a las inclemencias de una rigidez helada tan extrema, los fluidos experimentaron una solidificación instantánea sobre la piel.
Antes a que la temperatura corporal lograra disipar el malestar, el hielo se encargó de infundir una punzada penetrante que calaba los huesos en los sentidos.
—Laila… —articuló Manu, modulando la respiración con una flaqueza evidente, al tiempo que las trazas de la escarcha se fijaban sobre la estructura de sus pestañas—. ¿Acaso nuestras capacidades… se verán privadas de incorporarse a las hostilidades bélicas que se libran en el frente de batalla principal? ¿Nuestras directrices se restringen a permanecer estáticos en este sector salvaguardando la soberanía de estas instalaciones?
—Las directrices emanadas de la comandancia suprema revisten un carácter absoluto —repuse, recostando la estructura de mi anatomía contra la superficie de un muro fortificado.
Una herida provocada por el impacto de las garras del enemigo surcaba mi extremidad superior, custodiando una profundidad tal que permitía registrar la estructura ósea expuesta a la vista de forma alarmante, iniciando un paulatino proceso de cicatrización orgánica.
Los factores de regeneración biológica de mi loba me habían salvaguardado de experimentar un desenlace irreversible, es verdad; pero el volumen de fluidos corporales que había vertido en las trincheras dejaba las entrañas de mi ser con una alarmante sensación de absoluto vacío de forma generalizada.
Me di a la tarea de realizar un escrutinio visual de las trazas de mi grupo. Absolutamente cada uno de los compañeros acusaba heridas de consideración en su anatomía. Las hostilidades de esta campaña de verdad nos habían infligido privaciones de una crueldad extrema.
—Compañeros… ¿las secuelas de sus mutilaciones revisten trazas de gravedad para sus capacidades físicas?
Shane extendió la diestra de forma sutil; se veía por completo privado de la firmeza indispensable para modular palabras. Al flanco de nuestras posiciones de combate, las siluetas inertes de los camaradas de armas que ofrendaron la existencia en el frente se batían con los restos inanimados del enemigo, acumulándose en serie sobre la superficie de la nieve, proyectando una quietud absoluta cuyo peso denso se percibía idéntico a las lápidas de un panteón familiar calando las entrañas de cada ser.
En ese preciso instante, los linderos del horizonte remoto registraron un temblor de vibraciones evidentes de nueva cuenta. Una segunda oleada integrada por las huestes enemigas agilizó su avance estratégico, semejando el impacto de una marea alta opaca de tonalidades oscuras arremetiendo contra nuestras posiciones.
—¡Reincorporen sus anatomías a la postura de combate de forma inmediata!
Hice resonar mi voz en el recinto en el preciso instante en que ejecuté un salto vertical con el fin de ponerme en pie de guerra, permitiendo que un aullido de lobo impregnado de un salvajismo implacable brotara de mi tráquea de forma fulminante.
—¡En favor de la plaza de Vagen, procedan a desmembrar la estructura de sus líneas de forma definitiva!
Semejante directriz inició una nueva secuencia encarnizada de hostilidades bélicas desprovistas de contemplaciones. Sostuvimos las maniobras de exterminio hasta que los destellos del sol estival en comunión con los influjos de la penumbra plateada parecieron evaporarse del firmamento de forma unánime, dejando las dependencias del sector reducidas a un auténtico páramo saturado de fluidos corporales.
Al final, el grueso de las fuerzas enemigas comisionadas para asaltar los almacenes logísticos experimentó una aniquilación total en los perímetros; el envío de huestes de apoyo por parte del detractor dio por concluida su marcha de forma definitiva.
Nos desplomamos contra el suelo en medio de un agotamiento físico de tal magnitud que modular los movimientos mecánicos de la respiración constituía una tarea que sobreasaba nuestras fuerzas orgánicas.
Nos vimos privados de registrar el transcurrir de las lunas en medio de la quietud hasta el preciso instante en que los ecos rítmicos de los tambores militares de la comandancia se hicieron presentes en la región, en comunión con las aclamaciones de un miliciano vociferando a pleno pulmón:

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