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¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí! romance Capítulo 60

Perspectiva de Laila.

Conforme los últimos vestigios de las radiaciones del sol estival daban por concluida su marcha en el horizonte, registré el arribo de mi silueta en las inmediaciones del patio de armas de forma puntual.

En el preciso momento en que logré aproximarme a las estructuras de los accesos principales de las instalaciones, Viola en comunión con los integrantes de mi entera confianza se abalanzaron a estrechar la distancia con el fin de agruparse en torno a mi posición.

Absolutamente cada uno de los compañeros procedió a propinarme un sutil impacto seco a modo de camaradería en la extremidad superior:

—Laila, desatención de las contemplaciones e inflígele un correctivo ejemplar que pulverice su soberbia en el patio de armas.

Esbocé una sonrisa sutil. ¿Proferir una paliza monumental en contra de las capacidades orgánicas de Maris? Siendo honesta con las evidencias de mi fuero interno, semejante empresa involucraba un nivel de complejidad logística inmensamente superior al simple acto de desmembrar sus carnes de forma definitiva en el frente de batalla.

Me veía obligada a dosificar mis energías físicas con una precisión absoluta, maniatando los impulsos letales de mis propias garras «una labor de contención que exigía un esfuerzo supremo de mi fuerza de voluntad, mayormente tomando en consideración que la naturaleza salvaje de Nita en comunión con las variables de mi furia indómita ardían con brío en las entrañas de mi ser de forma simultánea».

Al internar mis pasos en las dependencias del sector, mis capacidades visuales registraron la presencia de una auténtica barrera de combatientes estructurada por las carnes de los milicianos, extendiéndose el contingente a lo largo de los páramos de forma tal que se veía privado de vislumbrar el término de las columnas.

A excepción terminante de las escuadras mínimas comisionadas para salvaguardar los filtros de seguridad en los perímetros del campamento, la totalidad de los efectivos de la legión parecían haber consolidado su concentración en este patio de armas. Una densa marea de murmullos y deliberaciones cruzaba el ambiente de forma masiva:

—¿A qué facción militar le corresponderá alzarse con la victoria definitiva en esta jornada?

—¡Mis fondos patrimoniales se encuentran apostados en favor de las virtudes de la General Maris! ¡Cabe la posibilidad de que Laila encarne a la heredera legítima de la estirpe Conlay, es verdad, pero su naturaleza biológica escasamente se restringe a la condición de una simple Omega! ¡Se ve privada de las herramientas indispensables para sostener el combate de forma exitosa!

—¡Tus argumentaciones se encuentran desprovistas de sentido común! ¡Mis capacidades visuales tuvieron la oportunidad de atestiguar las destrezas de la mayor general en medio del fragor del combate de forma fidedigna! ¡La opresiva dominación marcial que emana de su loba corresponde estrictamente a los lineamientos de un Alfa de rango cumbre! ¿Una Omega? ¡Semejante hipótesis califica como un absoluto despropósito!

—¿Un despropósito pretendes asegurar? ¿Bajo qué conceptos estratégicos los miembros de la Manada Silvermoon habrían de incurrir en una falsedad oficial al esparcir la «versión» que certificaba el estatus de sus trazas biológicas lunas atrás ante los demás clanes? ¡La catalogaron bajo el concepto de ser el ejemplar de Omega más débil de la región! ¡Incluso las afirmaciones de su propia madre se encargaron de validar dicho reporte en su momento!

—¡Tus conocimientos se restringen a las palabras superficiales de la trama! ¡Indiscutiblemente un engranaje de mayor complejidad se oculta tras los diques del hermetismo familiar!

Conforme los debates encarnizados se desataban entre las filas, algunas efectividades incluso se dieron a la tarea de dirimir sus diferencias recurriendo al uso de la fuerza física de forma espontánea. Omití comisionar recursos con el fin de frenar sus altercados.

Al cabo de unos instantes, la pulcritud de las evidencias materiales se encargaría de desvelar ante el escrutinio generalizado cuál de las versiones custodiaba fidelidad con la realidad de las cosas y qué aristas correspondían a una falsedad estratégica.

A lo largo del trayecto, diversos milicianos pertenecientes a las filas del campamento se pasaban la palabra para hacerme llegar muestras de aliento de forma abierta:

—¡Mayor General Conlay, posees las credenciales necesarias para consolidar el triunfo en esta jornada! ¡Depositamos nuestra entera confianza marcial en las capacidades de su loba!

Se trataba precisamente de las efectividades de la raza de hombres lobo que se habían desvivido devengando condecoraciones al precio de ofrendar el sudor de sus frentes al flanco de mis garras salvaguardando la soberanía de los silos logísticos de Lenir en la campaña previa.

Las escuadras de lobos de guerra acorazados se encontraban apostadas en el perímetro de igual forma, exhibiendo absolutamente cada uno de los efectivos unos ojos cuya brillantez delataba el resguardo silencioso y el apoyo marcial incondicional que brindaban a las directrices de mi comandancia de forma unánime.

En el ala occidental de las instalaciones del patio de armas, se erigía la figura del Príncipe Vance. En cuanto registró el arribo de mi silueta aproximándose a su ubicación de mando, se limitó a asentar con la cabeza de forma protocolaria. Las radiaciones crepusculares del ocaso se proyectaban sobre las facciones de su rostro, dotando a su semblante de un indudable esplendor.

«Digno portador de vincularse a las virtudes de nuestro compañero predestinado, derrochando un nivel de magnificencia de verdad deslumbrante».

El suspiro de Nita en los confines de mi mente destilaba un sentimentalismo poético, al tiempo que recostaba la barbilla de forma mental entre las extremidades superiores. Estuve a un paso de levantar la diestra con el fin de presionarme las sienes denotando hastío ante sus ocurrencias.

Por fortuna para la tranquilidad de mis andanzas, las capacidades auditivas de las huestes se veían privadas de registrar los murmullos de Nita de forma material; la exclusividad del canal se restringía a mis sentidos.

«Nita, te exhorto a deponer esas fabulaciones de una buena vez de tus pensamientos. Me consta perfectamente que sus realidades se encuentran desprovistas de alinearse con esas variables».

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