Perspectiva de Laila.
«Puedo percibir el aroma de ese infeliz de Holt. Está parado justo afuera del búnker.
Antes del amanecer, la voz de Nita resonó en los confines de mi mente, desbordando fastidio. Contraje el entrecejo. Las horas del reloj marchaban ya muy avanzadas. ¿Bajo qué conceptos tácticos se encontraba ese individuo merodeando en los exteriores de mis aposentos a estas horas de la noche?
«¡Qué trascendencia real pretendes adjudicarle a lo que anhele! ¡Coordinemos nuestra salida de forma impetuosa para entablar combate en su contra! ¡Me encargaré de arrancarle la totalidad del pelaje de su loba valiéndome de mis propias garras!».
Nita exhibió las piezas dentales exclamando con ferocidad.
«Limítate a ignorar sus movimientos. Con total seguridad se ha trasladado a estas latitudes con el único fin de requerir algún elixir o medicina de sanación militar en beneficio de Maris».
Me negué en redondo a entornar los párpados. Mis redes de información ya me habían participado el desglose de las directrices de Samuel, habiendo promulgado la orden oficial de prohibir al personal médico del campamento facilitar suministros de cicatrización veloz a Maris.
Durante las hostilidades del desafío directo en el patio de armas, me desviví aplicando la totalidad de mis energías físicas en las arremetidas; sopesando la pulcritud de mis impactos, Maris indiscutiblemente arrastraba laceraciones de extrema gravedad en su anatomía en la actualidad.
¿Pero acudir ante mi comandancia con el firme propósito de suplicar elixires medicinales? ¡Qué maldita ingenuidad! En cuanto desmantelé la presencia del aroma de Holt de mis pensamientos, los influjos del descanso se apoderaron de mis sentidos con notable presteza.
Al despertar al despuntar el alba de la jornada siguiente, la silueta del macho ya se había evaporado de las inmediaciones del umbral de forma definitiva. Viola en comunión con las efectividades de mi grupo se vieron por completo privadas de registrar que Holt se había presentado en el sector durante las horas nocturnas.
Omití participarles los pormenores de la anomalía de igual forma. Al término de la distribución de los ranchos alimenticios matutinos, coordinamos el despliegue de nuestros movimientos de forma independiente, trasladándonos a nuestras áreas de adiestramiento militar básico correspondientes.
A lo largo de las lunas subsecuentes, concentré la plenitud de mis capacidades analíticas en coordinar las maniobras de instrucción de las escuadras de lobos de guerra acorazados. Mi estado de ánimo se encontraba enteramente desprovisto de la flexibilidad necesaria para dilapidar las neuronas de mi mente en encrucijadas ajenas al frente.
En determinadas coyunturas de los horarios de almuerzo, me topaba de forma recurrente con la silueta de Holt en las instalaciones del comedor general. Se limitaba a clavar una mirada inerte en mis movimientos de forma abstracta, es verdad, pero preservaba un sutil remanente de cordura marcial en sus actos: se abstenía de aproximarse a mi posición con el fin de turbar mi tranquilidad.
Al promediar el mediodía de esta jornada, registré la coincidencia de nuestras siluetas en el recinto de nueva cuenta. La presencia de Maris se encontraba ausente de las instalaciones; se conducía en completa soledad.
—Tsk, esa porquería de macho otra vez en el entorno. —Viola entornó los ojos denotando un profundo desprecio, al tiempo que forzaba el repliegue de mi estructura para tomar asiento en el extremo opuesto del comedor general.
—Laila, ¿a santo de qué mis capacidades analíticas perciben que tu antiguo consorte arrastra el peso del remordimiento quebrantando su orgullo marcial? ¿Acaso sus intenciones se orientan a suplicar la gracia de restablecer la armonía conyugal con tu persona? —Stick tomó asiento al flanco de nuestra mesa de campaña, barajando las variables de la situación con la mirada entornando los ojos de forma pícara.
—Bajo ese escenario, Laila, ¿tus principios albergarían la disposición de concederle la reconciliación afectiva? —inquirió Manu desbordando una indudable curiosidad en el diálogo.
En el preciso instante en que incorporó su interrogante a las filas de la conversación, mis capacidades sensoriales registraron que las orejas de Holt se orientaron hacia nuestra posición con una celeridad pasmosa, aguzando el oído al amparo del hermetismo.
Antes de que tuviera las palabras indispensables para modular vocablos en el diálogo, Chase se apresuró a interponer los argumentos de mis pensamientos a la brevedad:
—¿Reconciliación conyugal pretendes asegurar? ¿Acaso tus capacidades cognitivas sufren de demencia clínica? ¡Laila se encuentra revestida en la actualidad con la alta jerarquía de mayor general! ¡En las lunas del porvenir, los engranajes institucionales se encargarán de elevar su rango al estatus de general de división en toda la extensión de la palabra! ¡Ese ladino dista de contar con las credenciales mínimas necesarias para nivelarse con su naturaleza, carece por completo de la talla moral!
Me propinó un sutil impacto seco en la sección de la extremidad superior a modo de camaradería previo a interrogarme:
—¿Mis planteamientos se alinean con la veracidad de tus principios, Laila?
En el flanco opuesto de las instalaciones, Holt inclinó la estructura de su anatomía de gran envergadura en nuestra dirección, denotando un interés desbordante por captar las sílabas del diálogo.

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