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¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí! romance Capítulo 77

Perspectiva en tercera persona.

El resplandor de la fogata se proyectaba sobre el rostro tranquilo de Laila. Ella y Viola se dieron a la tarea de intercambiar una mirada de reojo, denotando una sutil complicidad en sus gestos de forma elíptica. Holt contrajo el entrecejo, al tiempo que liberaba ráfagas de su energía de rango Alfa en un intento por infundir pesadez marcial en la atmósfera del búnker.

—¡Estructuro mis reclamaciones con un apego absoluto a los hechos! ¡Antes de que las uniones de nuestro lazo conyugal experimentaran una ruptura definitiva en mis sentidos, mis capacidades cognitivas registraron los alcances de su último alarido mental a pleno pulmón! ¡Las variables de la zozobra y de una profunda agonía física quebrantaban la firmeza de sus principios en ese preciso instante!

Laila se limitó a usar una vara rústica con el fin de mover las brasas de la fogata de forma parsimoniosa. Una serie de chispas registraron su lanzamiento hacia las alturas en medio de ecos metálicos sordos. Omitió incorporar argumentos al diálogo de forma ininterrumpida.

—¡Laila, desatención de las contemplaciones, mis palabras se encuentran desprovistas de albergar falsedades estratégicas! ¡Su integridad se localiza en medio de peligros severos en las trincheras! ¡Previo a que los eslabones de la marca se evaporaran de las capas de mi piel, experimenté los impactos de una laceración de extrema gravedad proyectándose desde su posición! —rugió Holt denotando ferocidad, al tiempo que las estructuras de las venas de su garganta acusaban movimientos de contracción evidentes—. ¡Un cuadro clínico convencional de mutilación o verse privada de la visibilidad debido a un síncope transitorio se verían por completo privados de simular los efectos de un desgarro violento donde las uniones del lazo son trituradas y arrancadas de las entrañas de la naturaleza por la fuerza!

Laila preservó los lineamientos del hermetismo. Los destellos de las llamas parecían reflejarse en la coloración de sus ojos, confiriéndole a su mirada una rigidez glacial. Holt movió la cabeza en sentido de negación de forma elíptica denotando incredulidad ante las determinaciones de su comandante:

—Laila, ¿acaso las variables del desprecio conyugal guiarán tus actos a tal extremo que te mostrarás conforme en permitir que las hojas del detractor sesguen la existencia formal de su ser en medio de las trincheras prescindiendo de intervenir? Las huestes de mi manada me participaron que un contingente integrado por centenares de combatientes regulares marchó escoltando sus pasos hacia las calzadas de los exteriores de forma solidaria. ¿Pretendes acaso asegurar que te niegas de igual forma a coordinar maniobras de salvamento en beneficio de la seguridad de esas tropas del reino?

—¡Si el desespero atenaza las arcas de tu fuero interno, te conmino a agilizar el desplazamiento de tus propias extremidades con el fin de resolver la encrucijada por tus propios medios, oh imponente Alfa Holt! —intervino Viola esgrimiendo una mueca de absoluto desprecio, cortando la trayectoria de sus quejas de tajo—. Ningún alma remanente en este búnker se encuentra adscrita a las labores de maniatar la firmeza de tus articulaciones en las calzadas.

Holt la fulminó con una mirada cargada de indignación.

—Las fuerzas operativas de los batallones de este sector se encuentran debidamente integradas bajo las órdenes directas de la Mayor General Conlay en la actualidad. ¡Me veo por completo privado de las facultades legales mínimas indispensables para sustraer combatientes de las filas del campamento, coordinando salidas intempestivas al margen de los diseños tácticos de la comandancia por mis propios medios!

Laila al final procedió a levantar la mirada de las brasas de la fogata con total parsimonia con el fin de fijar sus ojos en sus facciones. Tras un prolongado espacio de respetuoso silencio militar, moduló sus palabras de forma pasada:

—Holt, tus deducciones se alinean con la veracidad de las evidencias materiales de la situación, es verdad. Las capacidades de Maris han caído bajo el amparo de las redes de los sicarios de Solantia en las montañas en la actualidad. No obstante, nos vemos desprovistos de las herramientas estratégicas necesarias para comisionar maniobras de rescate en su beneficio de forma inmediata. La única directriz viable aplicable a nuestras fuerzas se restringe a preservar las posiciones de resguardo en este campamento, aguardando el desenlace de los hechos.

Las pupilas de los ojos de Holt registraron un movimiento de contracción violenta debido al impacto del desconcierto en una fracción de segundo de forma fulminante.

—¿Qué trascendencia real pretendes que le adjudique a tus palabras?

Avanzó de forma impetuosa en su dirección, forzando la sujeción de la muñeca de Laila entre sus dedos de forma descortés.

—¡Laila! ¡¿Pretendes asegurar ante mi presencia que custodiabas un conocimiento fidedigno respecto al hecho de que Maris fue objeto de una retención forzosa por vía del enemigo todo este tiempo?! ¡Procede a desglosar las coordenadas geográficas que delimitan su paradero en la actualidad a la brevedad!

—¡Holt! —En la fracción de segundo posterior, la diestra de Viola ejecutó la transformación integral de su loba en una garra armada con garras de rango Alfa de gran nitidez.

Proyectó el impacto de sus garras en su dirección con una velocidad pasmosa, coaccionando a Holt a relajar la sujeción de la muñeca de forma intempestiva para replegar la estructura de su anatomía dando un salto hacia atrás con el fin de neutralizar el golpe.

Fijó su posición de combate plantándose firme justo delante de la estructura de Laila, exhibiendo sus piezas dentales caninas denotando agresividad:

—Cuentas con las palabras mínimas para incorporar argumentos al diálogo si es de tu agrado, es verdad; pero te conmino de forma terminante a abstenerte de poner un solo dedo encima de su indumentaria de forma descortés en mi presencia de aquí en adelante.

Holt desbordaba indignación en sus gestos, no obstante, las capacidades de sus pensamientos desestimaron la conveniencia de enfrascarse en un combate de fuerza física en contra de las virtudes de la joven en la estancia. Persistió en clavar sus ojos de forma exclusiva en las facciones de Laila.

—¡Bríndame un informe claro ante mis interrogantes! ¡¿Posees o careces del conocimiento que determine el paradero exacto de Maris en estas líneas de forma fidedigna?!

—Negativo. —Laila movió la cabeza en sentido de negación de forma parsimoniosa—. Mis redes de información se ven privadas de contar con los datos exactos que delimiten las latitudes de su confinamiento en el interior de la cordillera en la actualidad, me consta. No obstante, guardo una certeza absoluta en mi fuero interno de que sus trazas físicas se localizan confinadas en algún sector de estas eminencias topográficas escarpadas de la frontera. Pero comisionar el despliegue del ejército con el único fin de ejecutar maniobras de exploración en medio de las cordilleras involucra peligros severos que atentan contra la seguridad del campamento. Una imprudencia de semejantes magnitudes resulta inviable.

—¡¿Bajo qué conceptos pretendes entonces que justifiquemos la pasividad de nuestros actos ante el transcurrir de las horas?! —Holt se encontraba perdiendo la cordura debido a la desesperación—. ¡¿Acaso tus planes se orientan a aguardar a que esos bastardos e infames transgresores de los códigos de honor amanezcan dotados de una indudable benevolencia en sus pensamientos, procediendo a coordinar el retorno de su persona hacia nuestras líneas por vía de la cortesía?!

Laila le sostuvo el escrutinio de sus ojos fijos en sus facciones, modulando las palabras de forma pasada:

—Así es. Nuestras directrices se restringen a aguardar el instante preciso en que procedan a «gestionar las razones de las cuentas penales» por sus propios medios valiéndose de sus recursos en las trincheras.

Holt la contempló exhibiendo un semblante cubierto de una absoluta estupefacción.

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