Perspectiva de Laila.
Tras la partida de Holt, permanecí sentada junto a la fogata. Los hombres lobo no necesitamos en realidad del fuego para protegernos del frío, es verdad; pero la luz en medio de la oscuridad siempre aporta una sutil y reconfortante sensación de alivio.
Pese a las formas reconfortantes del entorno, cuando las llamas bailaban bajo los influjos de las ventiscas heladas, el color del fuego parecía teñirse de un rojo intenso y sangriento ante mis ojos de forma alarmante.
Clavé la mirada en las brasas, siendo asaltada por el recuerdo del fatídico día en que regresé desde la Manada Ironclaw para internarme en los dominios de la Manada Silvermoon de forma intempestiva.
Los restos de mi familia y la sangre de la carnicería cubrían cada rincón de la fortaleza de forma masiva en mis recuerdos de forma ininterrumpida. La sangre de la matanza había saturado la tundra bajo la luz de la luna de forma espantosa.
Incluso las huellas de los lobos en el barro se veían pegajosas debido al encarnizamiento. Recordarlo provocó que una opresiva contracción estrujara mi pecho de forma dolorosa, como si afilados fragmentos de hielo se clavaran en mi interior una y otra vez de forma implacable.
Cerré los ojos. De alinearse las prioridades de mi fuero interno con mis intenciones letales, mis garras demandarían el exterminio definitivo de Maris en las trincheras, me constaba. No obstante, entregarle una muerte rápida constituía una alternativa de una alarmante escasez de rigor punitivo.
En el preciso instante en que un organismo muere ingresando a los linderos de la muerte, deja de sentir los sufrimientos físicos de forma definitiva, traspasando las fronteras con el fin de retornar al amparo de la Diosa de la Luna en los confines del firmamento.
Semejante desenlace distaba por completo de adecuarse a un castigo ejemplar estrictamente apegado a la gravedad de sus crímenes. Mis aspiraciones íntimas anhelaban de forma inquebrantable que su naturaleza preservara la existencia firme en este mundo con el único fin de verse compelida a asimilar las variables de una agonía física y deshonra de gran consideración en sus jornadas de forma sistemática lunas consecutivas.
Las dediciones estratégicas de Silas indiscutiblemente se orientaban bajo idénticos lineamientos punitivos de igual forma en el frente. Sopesando tales antecedentes de coincidencia, mis capacidades analíticas ratificaban la certeza de que se abstendría de privarla de la vida de forma prematura en su búnker de castigo. Las directrices del Príncipe Samuel nos conminaban a resguardar las posiciones de defensa en este campamento de forma inamovible todo este tiempo.
Indiscutiblemente se había dado a la tarea de formalizar las cláusulas de un armisticio de carácter hermético y de mutua complacencia tácita al flanco de las intenciones de Silas lunas atrás «las mentes de ambos estrategas se veían privadas de depositar un ápice de confianza mutua en las destrezas de la otra parte, es verdad, pero coordinaban las maniobras logísticas conduciéndose bajo una sincronía perfecta con el único fin de solucionar las anomalía familiar de forma sistémica en el frente de batalla».
Entrada la medianoche de forma ininterrumpida, Finneas registró su arribo en los perímetros de las dependencias al mando de un convoy de suministros. Ranchos militares integrados por porciones rústicas de tasajo de venado en comunión con raciones estrictas de derivados lácteos de consistencia rígida se depositaron en las instalaciones de la comandancia.
Se aproximó hacia mi ubicación de mando ejecutando una respetuosa reverencia ante mi alta jerarquía de forma protocolaria previo a desglosar sus partes informativos de forma pasada:
—Las disposiciones oficiales del Príncipe Vance le exigen de forma imperativa que persista en salvaguardar las posiciones de resguardo en este búnker, aguardando el transcurrir de las horas de forma inamovible. No obstante, le resulta indispensable redoblar las escuadras mínimas destinadas a los filtros de seguridad de forma permanente, eludiendo permitir que la flaqueza de las contemplaciones debilite la marcialidad de sus centinelas en las calzadas.
En la fracción de segundo posterior, se dio a la tarea de extraer un recipiente de dimensiones reducidas y tonalidades oscuras, cuyas superficies exhibían los grabados del escudo de Silvermoon de forma material.
—Su Alteza se encargó de comisionar el traslado de este compuesto selecto con la única y personalizada motivación de halagar las preferencias de tu persona en esta velada. Se trata de un compuesto de miel negra batido con las porciones de frutos selectos de moras árticas.
Me quedé completamente desprovista de palabras ante el desplante, experimentando un sutil vuelco de indudable sorpresa en mis sentidos. Las razones de la recolección de la miel negra constituían una labor que desafiaba los límites de la complejidad técnica.
Sumado al hecho de que los frutos de la mora de los pantanos escasamente manifestaban sus ciclos de germinación biológica medrando aferrados a las superficies de los riscos escarpados de las montañas que poblaban el interior de la demarcación territorial de la Manada Silvermoon de forma exclusiva.
Semejante compuesto representaba con fidelidad absoluta los sabores y refinamientos con los cuales las atenciones de mi madre se habían esmerado en coordinar las raciones desde mi infancia.
«¡Vaya! ¿Acaso las variables de la situación omiten ratificar ante tus sentidos que lidiamos con la entrega de una muestra de consideración y afecto auténtico comisionada por las manos de tu compañero predestinado?».

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