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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 342

Capítulo 342 Renata también sonreía discretamente con satisfacción.

Adrián sentía un zumbido ensordecedor en la cabeza; lo único que resonaba en sus oídos eran dos palabras: "se acabó". Una vez más, se acabó.

Mirando hacia donde estaba Olivia a lo lejos, le vino a la mente una frase de Beto: "Cada vez que una alianza se cae, es por culpa de Olivia. Esta es la tercera. Sin ella de por medio, el éxito está garantizado".

Y alguien más comentaba entre el público:

—Oigan, ¿la que está en el escenario no es la esposa de Adrián? La señora Vargas casi nunca sale a eventos, ¿cómo es que ahora está con el señor Rossi?

Santiago hizo una breve pausa, pero abajo ya corrían los rumores.

Entonces continuó:

—También tengo un nombre en español que pocos conocen. Tomé el apellido de mi madre: Muñoz. Me Ilamo Santiago Muñoz, y la joven a mi lado es mi prima, Olivia.

Olivia saludó al público con una sonrisa desde el escenario. Con su porte y su elegancia natural, bastó ese pequeño gesto para arrancar una ovación. Ya fuera por ella misma o por ser pariente del magnate, esa noche estaba destinada a ser la más deslumbrante de todas.

Santiago tomó su mano y continuó con un efusivo discurso de bienvenida, pero Adrián ya no lograba distinguir lo que decía; tenía la mente hecha un caos.

Las chicas que antes comentaban sobre el collar soltaron un grito:

—¡Miren! Lo que trae en el cuello es el collar que se subastó ayer, jel de cincuenta millones de dólares, una pieza única en el mundo!

—¡Santo cielo, seguro lo trajeron en avión de un día para otro! El señor Rossi tiene que habérselo regalado a su prima. ¡Se ve que la quiere muchísimo!

Paulina clavó la mirada en el enorme rubí que colgaba del cuello de Olivia, con la envidia reflejada en sus ojos.

Celeste rio.

—¿Quién era la que hace un rato se le puso enfrente para decirle que el collar era de vidrio y metal oxidado? Ahora ha de tener la cara hinchada de vergüenza.

Renata rio con ella.

Y entonces Nico, con toda su inocencia, preguntó:

cuando la adulaban, cada palabra era miel; ahora le daban la espalda así de rápido. Interesadas.

—Ja, mientras te convenía, te llamábamos "asistente del señor Vargas", "señorita Paulina", pero ya sin la farsa no eres más que la amante, una fantasiosa.¿ Qué tanto volteas a ver?

—¡Lárguense! —Beto fue hacia ellas, las echó a gritos y se puso como escudo frente a Paulina.

Renata observó la escena sin decir nada; su alma se congeló en un suspiro de amargura, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

El único que permanecía sin decir una palabra era Adrián. Miraba sin ver, de pie sin moverse,como si todo lo que ocurría a su alrededor no lo alcanzara; su mirada estaba fija en aquella silueta de rojo granate.

En ese momento, se acercó otro conocido y le estrechó la mano.

El hombre se reía a carcajadas.

—¡Con razón! Yo ya decía, ¿cómo es que tu empresa tenía asegurada la alianza con el Corporativo Rossi? ¡ Resulta que estás emparentado con el señor Rossi!

No me parece muy de amigos que lo tuvieras tan escondido, ¿eh? Con una conexión así de sólida, ¿en serio temías que te fuéramos a ganar la jugada?

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