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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 393

No salió, pero al poco rato sonó su celular. Era Beto.

—¿Bueno? —Imaginó que a esa hora Beto lo buscaba para invitarlo a salir, así que pensó rechazarlo.

Ja, hasta él mismo lo reconocía: no lo podía creer. ¿

Quién era el que se la pasaba en la calle con todo tipo de amigos, buscando cualquier excusa para no volver a casa?

Pero Beto lo llamaba para que fuera a consolar a Paulina.

—¿Qué le hiciste a Pau para que esté llorando así?—

preguntó Beto, desconcertado. De fondo, apenas audible, se oía a Paulina sollozando.

Lo pensó un momento: al parecer lo único que había hecho era no aceptar comprarle una casa. Se rio con incredulidad y colgó.

Eso de que "solo le importaba estar con él, que con tener un lugar en su corazón bastaba", nunca se lo creyó. Lo que pasaba era que en aquel entonces él estaba dispuesto a consentirla, nada más.

Cinco años atrás, la partida de Paulina coincidió con el momento más crítico para la empresa de él, Beto y Nico. Años de esfuerzo a punto de irse a la basura.

Ella decidió irse y le pidió terminar. No era ningún ingenuo; por supuesto que sabía cuáles eran las razones, pero su amor propio no le permitía amarrar a alguien a una vida de carencias a su lado. Después se enteró de que ella se había ido al extranjero acompañada de un heredero de familia acaudalada.

Todo eso lo sabía.

La depresión de aquella época fue mitad por la ruptura, mitad por el fracaso en los negocios, a partes iguales. Se emborrachaba seguido, pero no siempre por autocompasión; la mayoría de las veces era para acompañar clientes, convencer a inversionistas, por estar rogándole a medio mundo. Sin embargo, la noche en que Olivia lo rescató, sí estaba desolado, porque después de golpear puerta tras puerta y recibir rechazo tras rechazo, se le había agotado la confianza y estaba a punto de rendirse.

Igual que con el departamento que decoró al casarse:

lo diseñó siguiendo el sueño de Paulina. En aquel entonces la empresa apenas empezaba a repuntar, tenía algo de capital, pero no tanto, y el departamento lo compró con crédito. Pero lo que pensaba era: "¿

Ves? La decoración que te gustaba, la contraseña que tú elegiste, se lo di todo a otra mujer. Tengo para eso y más".

Así que cuando Paulina volvió cinco años después, él, arrastrando ese rencor, disfrutó de su devoción con una satisfacción infantil. La que lo abandonó, ahora se desvivía por complacerlo, y con ello, ese rencor se aliviaba.

Pero después, la balanza en su interior se desajustó.

Tal como dijo Celeste, se dejó llevar de la manera más ruin: disfrutando de dos afectos a la vez, perdido en esa ambigüedad. Disfrutaba la admiración de Paulina, y como venganza volcaba en ella todo el cariño y la indulgencia, como si con eso pudiera demostrarle a su yo fracasado de aquel entonces: "Lo logré, puedo con todo".

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