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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 443

Había ido expresamente a esperarla ahí.

Con el número de pasaporte podía buscar su información de compra de boletos. Después de todo, alguna vez fueron las personas más cercanas, y en algunas aplicaciones de reservas seguían vinculados como familia. En el registro civil el matrimonio ya se había disuelto, pero él no se había atrevido a eliminar el vínculo en la aplicación, como si mientras no lo hiciera, siempre existiría un hilo invisible que los conectaba.

En ese momento caminó hacia ella. Quiso esforzarse por darle una sonrisa, pero ante la seriedad de su expresión, no le salió.

—Yo... vine a despedirme de la abuelita... —dijo con voz entrecortada.

Mercedes solo negó en silencio. Todos sabían por qué estaba ahí.

—Abuelita... —Se paró frente a ella sin atreverse a mirar a Olivia a los ojos—. Estando afuera, cuídate mucho.

En realidad, solo le habló a Mercedes porque no se atrevía a dirigirse a Olivia, pero los recuerdos del pasado se agolparon y los ojos se le enrojecieron con genuina emoción.

—Abuelita... —Se le quebró la voz—. Gracias por haberme querido tanto. Es una lástima... este nieto no supo corresponderle, le rompí el corazón a usted y se lo rompí a Olivia. Ya nunca voy a tener la oportunidad de retribuirle su cariño.

Olivia no soportó seguir viendo aquello. Puso a Mercedes detrás de ella para protegerla.

—Adrián, jesta es mi abuela! ¡Mi abuela, y yo la cuido!¿

A ti qué te importa?

Él todavía tenía los ojos enrojecidos. Al escuchar eso, no supo qué decir.

Tenía razón. Ya no era asunto suyo; ya estaban divorciados. Lo que Olivia exigía era no volver averse después del divorcio, y si por alguna desafortunada casualidad se encontraban, tratarse como desconocidos. Pero él no podía. La miraba y no se resignaba a irse así, aunque ella lo despreciara, aunque lo echara, no se resignaba a irse.

—Olivia, si en el futuro necesitas gestionar algo aquí

en el país, dime...

Ese corazón que le había subido hasta la garganta volvió a caer, hundiéndose en un abismo sin fondo.

*** No se fue. Se quedó sentado dentro del auto, en el estacionamiento, observando los aviones despegar y aterrizar bajo un cielo de un azul profundo.

Pasaron varias horas. Cuando un avión que parecía ser de una aerolínea internacional despegó a lo lejos, sus ojos por fin se movieron.

Debía ser ese vuelo. Ella iba en ese avión.

El clima era hermoso: el cielo de un azul muy claro, el sol radiante y deslumbrante.

"Olivia, cuídate".

Entrecerró los ojos y sintió que le ardían. Se tocó los párpados; tenía los dedos húmedos. El sol era demasiado intenso.

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