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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 514

Cuando Julián llegó, traía un ramo enorme de flores; lo había llevado consigo desde la capital hasta Altabrisa.

“¿No había flores en Altabrisa?”, se preguntó ella.

Le extendió el ramo y dijo:

—Quiero que cada día que me veas esté lleno de flores, que lo primero que veas te ponga de buen humor.

Ese pequeño nudo que Olivia tenía en el pecho se aflojó al ver el detalle floral.

Si había amor de por medio, aunque tuvieran esas pequeñas fricciones, podían superarse, ¿no?

El resto del tiempo, en Altabrisa no se separaron ni un instante. Cuando llegó la visa, fueron a recorrer los alrededores antes de partir y, a principios de agosto, dejaron Altabrisa y volvieron una vez más a Inglaterra.

Esos días de convivencia y de momentos dulces hicieron que Olivia creyera que los malentendidos entre ellos no eran realmente problema; seguro que ambos podrían ceder o cambiar por el bien de los dos.

Al llegar a Inglaterra se entregaron en cuerpo y alma a los ensayos para preparar el inminente Festival Internacional de las Artes.

En cuanto al pie de Olivia, durante esa temporada en Altabrisa, salvo los días que salió a la ceremonia en la iglesia, no interrumpió la rehabilitación; al volver, siguió asistiendo puntual a la clínica.

El doctor Salas le dijo que ese mes había avanzado muchísimo, que el pie lesionado tenía cada vez más fuerza y que la diferencia con la otra pierna ya era mínima.

A Olivia se le iluminó la cara y le preguntó:

—¿Entonces es posible? ¿Podré volver a los escenarios?

Al decirlo, se imaginaba ejecutando cada paso con la precisión de antes. No le servía de nada regresar si solo podía moverse a medias.

El doctor respondió:

—En teoría, sí. En la práctica… será muy difícil y duro.

La distancia entre la casa y la universidad era corta; a veces volvían caminando, y cuando Olivia estaba demasiado cansada del ensayo, Julián la cargaba a cuestas hasta la casa. En esos días, lo único que veía al levantar la mirada era un cielo lleno de estrellas.

Era hermoso, la llenaba de esperanza.

Una noche, más o menos a la misma hora, cuando Olivia terminaba el ensayo, Julián le dijo que estaba a punto de llegar; ella cerró con llave el estudio y salió a la entrada de la universidad para encontrarse con él.

Lo que no esperaba era cruzarse con Adrián en la puerta. Él también había vuelto.

Ese día había escuchado a las enfermeras de la clínica decir que el dueño de La Casita de Galletas estaba de vuelta y que ya había abierto, pero ya no mandaban pedidos al Centro Herbal. No escondían su descontento por esa decisión, pero como les gustaba la repostería, no había más remedio.

A Olivia se le tensó el cuerpo; lo primero que hizo fue mirar alrededor para ver si Julián había llegado. Por suerte, no se le veía por ningún lado.

—¿Qué haces aquí? ¿Puedes dejar de buscarme? —Olivia lo increpó sin el menor reparo.

Solo ver a Adrián la sacaba de quicio.

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