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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 535

Mientras ella saltaba y volaba como un pequeño ciervo en el festival, en cierto hospital de Londres, Adrián también vio el video del espectáculo en su celular.

Ella era hermosa y extraordinaria.

La mujer del video se superponía con esa muchacha de la preparatoria, ágil y vibrante como un duendecillo.

Esa era ella, la que siempre debió ser.

No era el ave de alas rotas que él había mutilado, tampoco el canario que encerró por años; ella siempre debió ser un hada del bosque: ligera, viva, vibrante, capaz de iluminar el mundo de un mortal como él con solo aparecerse a su lado.

Miraba el video y se preguntaba: ¿cómo tuvo el corazón para destruir a un ser tan maravilloso?

Su pequeña hada por fin volvía a las montañas.

Nunca más volvería a su lado, pero, aun así, sentía que era lo mejor para ella.

Que volara hacia lo que amaba, sin dudar, que su corazón la llevara a donde el cielo no tiene límites.

Anna entró con cara poco amistosa.

Desde esa noche en que quedó malherido por salvar a Olivia, ella no había vuelto a estar de buen humor.

—¡No puedes dejar que te lastimen y sangres otra vez! —dijo con seriedad.

Adrián guardó el celular, obediente.

—Ya entendí.

—¡Tuviste una hemorragia interna! —Anna seguía muy enojada.

—Pero ya se detuvo, ¿no? —dijo él con una sonrisa.

—El doctor fue claro: tuviste suerte, no habrá otra oportunidad.

Lo miró a los ojos, esperando que esta vez se tomara las cosas en serio.

Él, sin embargo, sonrió y le mostró el celular.

—Mira, qué hermosa, lástima que no pueda verla en vivo.

—¿Y qué con eso? Ya no están juntos —suspiró.

Él miraba la pantalla embelesado.

Santiago llevó toda una caravana de autos para recogerlos e ir a celebrar su llegada y su rotundo triunfo; el ambiente se puso muy animado.

Julián caminaba detrás de todos, con la mirada fija en Olivia. Ella iba adelante, abrazada por Santiago. De pronto, Fabiola lo jaló con fuerza para detenerlo.

—¿Qué? ¿Tú también quieres ir? ¿En serio? —se burló ella.

Julián seguía aturdido.

—¿Por qué no puedo ir?

—¡Es una cena de celebración! ¿Sabes lo que significa “celebración del estreno”? —lo regañó Fabiola—. ¿Qué mérito tuviste tú en el espectáculo?

—Yo… —Miró en la dirección por la que se iba la compañía, sin palabras. Al final, soltó una risa sarcástica—. ¿Y tú qué? ¿Sí tuviste algún mérito?

—Yo sé quién soy y por lo mismo no voy a ir a hacer el ridículo. Pero tú no tienes ni tantita vergüenza.

Terminó Fabiola y se fue al área de equipajes.

Él, sin embargo, murmuró para sí mismo:

—¿Cómo que no? Soy el protagonista, soy su novio. Mi lugar es estar a su lado, tanto en el espectáculo como afuera.

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