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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 564

Capítulo 564

Por fin, la gente fue llegando poco a poco, la noche se hizo más densa y el bar entró en el momento más encantador del día.

En el pequeño espacio libre del centro del bar apareció la banda; con la primera nota alegre del acordeón se sumaron también la guitarra y el violonchelo, y abrieron la velada con una pieza irlandesa.

Olivia nunca había bailado ese ritmo. Al principio solo miraba, pero el ambiente comenzó a encenderse hasta que la energía del bar estalló.

Cuando comenzó aquel baile libre y desenfadado al viejo estilo, Olivia ya no pudo contenerse y arrastró a Camila al centro.

Supieran o no bailarlo, bastaba con dejarse llevar e imitar.

A medida que la euforia crecía, el bar literalmente hervía. La gente, conocida o desconocida, reía, gritaba y se empujaba para colarse en aquel pequeño espacio del centro; tomados de los brazos, zapateando con los pies, se ponían a bailar con torpeza, pero con gran entusiasmo. El lugar se inundó con una alegría primitiva en la que ya no se distinguía entre uno y otro.

En medio de aquel caos, Olivia levantó la mirada y, entre las siluetas oscilantes, sin previo aviso, sus ojos se encontraron con otros.

Adrián.

Él también se había animado a bailar.

No tenía idea de cómo hacerlo y sus movimientos eran sumamente torpes.

Pero saltaba con Anna, y al hacerlo parecía un gran oso descoordinado.

Aun así, ella se veía feliz.

A Olivia le pareció bien.

¿Acaso Adrián por fin sabía ser un buen novio, o un buen marido?

¿Quién iba a imaginar que él fuera capaz de meterse a un bar a bailar con tal de complacer a su novia?

El ritmo de la música se aceleró cada vez más y llevó el ambiente del bar al clímax. Los que no sabían bailar ya no podían seguirlo; muchos se enredaron en los pasos y, entre empujones, se tambaleaban y caían.

Adrián fue uno de ellos.

En ese momento Adrián saltaba junto a ella; nadie supo quién lo empujó, pero se le trabaron los pies y se desplomó justo hacia su lado. Olivia, temiendo no esquivarlo a tiempo, dio un salto atrás, y Adrián fue a caer encima de un señor. El hombre lo ayudó a enderezarse enseguida y, tras quedarse mirando por un segundo, los dos se rieron a carcajadas.

Terminada la pieza, Olivia, muerta de calor, se apuró a sentarsea descansar. Tenía mucha sed; tomó aquella jarra grande de cerveza oscura y se la bebió a tragos largos.

Esa noche transcurrió así, en plena locura. Allí no había rencillas ni pasiones entre la gente: solo música, baile y cerveza. Cuando se cansaban de bailar, bajaban a beber cerveza; cuando bebían suficiente, volvían a bailar.

Olivia nunca había vivido un momento de tal frenesí en toda su vida.

Lo disfrutó, con esa sensación de haber llegado al borde del mundo y de haberse olvidado de las penas de la vida diaria.

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