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Mi divorcio estaba a un día, y mis gemelos se parecían a él romance Capítulo 6

Una extraña incomodidad cruzó su rostro siempre indiferente. Finalmente, sin decir más, dio media vuelta y se marchó.

Al verlo irse, Joana sintió cómo sus piernas perdían fuerza y se apoyó contra la pared, soltando el aire que había retenido.

Jessica también respiró aliviada.

—Cielos, tu... ya sabes quién, es aterrador. Con razón...

No quiso decir más frente a la niña por miedo a meter la pata.

Luna, sin embargo, se quedó mirando la espalda de Timoteo. Ese señor raro se parecía mucho a su hermano Romeo.

¿Acaso sería... su papá?

Por la noche, tras acostar a los niños, Joana y Jessica hablaron en la sala.

—Joana, ¿crees que tu futuro exesposo sospeche algo? —Jessica hizo un gesto con las manos—. Después de todo, Luna tiene tus mismos ojos.

Joana negó con la cabeza.

—No. Es imposible que lo sepa. Solo tuvimos esa noche en el hotel. En estos cuatro años, él no me ha tocado.

Además, si él y Gabriela ya hasta tenían un segundo hijo, menos se le ocurriría pensar que Joana tenía hijos suyos.

—Menos mal que Romeo no fue hoy. Si lo hubiera visto, seguro nos descubría.

Pensar en el gran parecido entre su hijo y Timoteo hizo que Joana diera gracias al cielo. Ya faltaba poco. En cuanto firmaran el acta de divorcio y sacara a su madre de la clínica, se marcharían lejos.

***

Al amanecer, Joana preparó el desayuno y bañó a los niños.

—Hoy no está lloviendo, así que aprovecharé para empezar a sacar mis cosas de Villa Mirador.

—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Jessica.

—¿Tus cosas? ¿Qué cosas podrías tener en esta casa? No me digas que te estás robando los suplementos vitamínicos de los Montalbán otra vez.

La palabra «robando» hizo que a Joana se le encogiera el corazón al recordar aquella humillación.

—Perla, llevarme mis propias pertenencias no es robar.

Perla se cruzó de brazos, levantando la barbilla con desprecio.

—Joana Lozano, como si fuera la primera vez que robas. Abre las cajas. Quiero ver qué llevas.

Joana apretó los puños. Sentía un nudo en la garganta y, por un segundo, no supo qué responder.

Esa historia había ocurrido hace más de tres años. Samuel, el mayordomo, estaba limpiando la alacena y encontró suplementos caducados que iban a la basura. Joana pensó que era un desperdicio y se los llevó para dárselos a su hermano Andrés. Perla la descubrió, la grabó con su teléfono y empezó a gritarle que era una ladrona, que robaba en la casa para mantener a su familia.

Joana intentó defenderse, pero Perla solo se rio: «Te sugiero que confieses ahora, porque si esto llega a mayores, te va a ir muy mal».

En ese momento, Joana no entendió la gravedad de la amenaza. Hasta que supo que Perla le había mostrado el video a Timoteo.

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