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Mi Esposo, El Divorcio Está Servido romance Capítulo 5

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Natalia siguió la mirada de Valeria hacia el pastel y, como si apenas se diera cuenta de la situación, su rostro adoptó de inmediato una expresión de culpa.

—Valeria, por favor no lo malinterpretes. Diego solo me dio el primer pedazo porque lo ayudé a organizar todo hoy. No es que no le importes.

Valeria se mantuvo en completo silencio.

Natalia dio un paso hacia ella, bajando aún más la voz:

—La verdad es que los niños son muy simples: se encariñan con quien les dedica tiempo y recuerda lo que les gusta. Y tú, Valeria, últimamente has estado demasiado enfocada en tus cosas.

Valeria de pronto esbozó una sonrisa.

Una sonrisa fugaz, vacía.

—¿Demasiado enfocada en mis cosas?

Los ojos de Natalia esquivaron los suyos por un milisegundo.

—No lo digo como un reproche. Solo creo que, si lo que quieres es volver a enfocarte en tu trabajo, yo puedo ayudarte a aligerar la carga con las cosas de la familia.

Aligerar la carga.

Qué frase tan noble y comprensiva.

Sonaba exactamente igual a cuando eran niñas y Natalia se antojó de sus clases de piano. Su madrastra, Adriana, le había dicho lo mismo.

«Valeria, Natalia es muy frágil de salud y muy sensible. Tú eres la mayor, cédele tus clases».

Tiempo después, cuando Natalia quiso su recámara, su padre, Alberto, le dijo:

«Tu hermana tiene el sueño muy ligero. Ese cuarto da al sur y tiene mejor luz. Múdate al cuarto de visitas».

Años más tarde, Natalia quería irse a estudiar al extranjero, pero la familia Montalvo no tenía liquidez. Alberto la buscó y le dijo con tono de profundo deber moral:

«Valeria, ya te casaste con un Castillo, a ti no te falta dinero. Natalia es tu hermana, tienes que apoyarla».

Y ella la apoyó.

Colegiaturas, manutención, cartas de recomendación para pasantías... ella le dio todo.

Porque siempre creyó que ese era su deber como hermana mayor.

Porque creía que, si cedía un poco, su familia por fin podría vivir en paz.

Pero Natalia nunca, jamás se había sentido satisfecha con sus sacrificios.

Al contrario, Natalia había aprendido que si Valeria cedía una vez, podía obligarla a ceder una segunda, una tercera, hasta dejarla sin nada.

Capítulo 5 1

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