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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 202

«¿Es Magdalena? ¿Habrá sido ella?».

Ni Cristina o Magdalena eran el enfoque de la fotografía, pero se podía observar que Magdalena estaba filmando a Cristina con su teléfono desde una esquina.

«No me digas que ella organizó todo este problema otra vez...».

Cristina sabía que Magdalena siempre buscaba una manera de perjudicarla, pero jamás imaginó que sería capaz de llevar las cosas tan lejos.

«Si no hubiera sido porque Natán llegó justo a tiempo a salvarme, la familia Canizales me habría torturado hasta la muerte; ¡no puedo permitir que se salgan con la suya!».

Entonces, Cristina guardó la fotografía para sí misma porque no tenía planes de ir contra Magdalena todavía. En eso, la puerta de su habitación se abrió y entró Natán con una taza de chocolate.

—Toma, es chocolate, es para que te relajes —dijo el hombre.

—¿Quién te dijo eso? ¿Por qué no sabía que ayudaba a relajarse? —Después de tomar la taza, la chica dio un sorbo. La bebida era dulce y humeante y pronto se inundó de su calidez.

Despistado, Natán admitió:

—No sé, eso me dijo la mucama.

«Le dije que Cristina tuvo un susto muy fuerte y preparó una taza de chocolate caliente, la mujer estaba segura de que haría maravillas con ella».

Esa afirmación hizo que Cristina soltara una pequeña risa. Entonces dejó la taza y se acercó a él murmurando:

—Ya me pagaron, ¿qué tal si te doy un regalo?

—¡Claro! —respondió él.

Entonces la mujer sacó su tableta y abrió la aplicación de compras.

—Esta página se especializa en relojes para parejas, elige el que más te guste.

Los relojes costaban decenas de miles como mínimo, pero eran muy baratos comparados con los que el hombre normalmente portaba, los cuales tenían un valor de hasta millones.

—Esto es lo mejor que puedo pagar, te compraré algo más caro cuando gane más dinero —añadió Cristina con una sonrisa y en sus ojos se podía ver su honestidad.

A lo que Natán le dio una pequeña palmada en la cabeza.

—Yo los compraré, tú puedes guardar tu dinero —respondió Natán.

—Está bien, pero este sí lo pagare yo —dijo ella, ya que desde hace tiempo había querido darle un regalo como muestra de su amor. Sin embargo, la idea abandonó su mente pronto, ya que no consideró apropiado que el hombre llevara consigo un reloj barato.

—Ya es tarde, deberías irte de dormir —intervino Natán mientras la abrazaba. La fragancia femenina de la chica flotaba en el aire, perfumando el ambiente con su agradable aroma.

El hombre la llevó hasta la cama en sus brazos y Cristina se quedó dormida acurrucada contra su pecho como si fuera un gatito.

A la mañana siguiente, Silvana llegó a la Mansión Jardín Escénico pues se había enterado de todo lo que sucedió la noche anterior. Evidentemente, Natán había estado demasiado furioso y por eso fue capaz de entrar a la mansión de los Canizales sin su permiso y se llevó a Cristina.

—Se supone que Natán suele desayunar a las ocho de la mañana, ¿por qué no ha bajado todavía? —Silvana no pudo evitar hacerse esa pregunta porque eran casi las nueve.

Justo cuando Raymundo estaba a punto de responder, se escucharon varios pasos viniendo de las escaleras; Natán estaba bajando junto con Cristina de la mano. Al verlos tan cariñosos, Silvana no pudo evitar enojarse. Además, ese día estaba ahí para interceder por la familia Canizales y no podía irse sin cumplir con su tarea.

—Natán, sobre lo que pasó con la familia Canizales, ¿podrías olvidarte de lo sucedido? —preguntó ella con calma. Después de todo, Abigail aprobó que llevara a Cristina.

A lo que Natán tomó la mano de Cristina dándole una fuerte sensación de seguridad.

—No deberías preguntarme eso, en su lugar, deberías preguntarle a mi esposa qué es lo que quiere hacer.

De inmediato, la expresión de Silvana cambió por completo.

«¿Quiere que me rebaje y haga las paces con ella? ¡Eso es imposible!».

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