Entrar Via

¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 206

Linda estaba furiosa.

«¿Acaso subestime a esta mocosa? Se ve tan inocente, pero no es tonta», pensó.

Mientras tanto, Cristina levantó las frutas del suelo y las regresó a la cesta.

—Dado que parecer tener buena salud, me retiro, señora Mendoza —dijo la chica.

Al darse cuenta de que se iba, Linda no pudo evitar decir:

—¡No creas que Julia te va a aceptar como su nueva solamente porque la ayudaste esta vez! No seas inocente. —En ese instante, Cristina se detuvo. Su reacción hizo que Linda creyera que tenía razón, por lo que agregó—: ¿Sabes por qué no pude volverme parte de la familia Herrera después de tantos años? Es porque provengo de una familia de la clase baja y Julia no, y si hay algo que ellos repugnan, son a las personas de las clases bajas. ¿Por qué crees que no te ha invitado a ninguno de sus eventos sociales? ¡Claramente no te ha aceptado como su nuera todavía! Lo que nos vuelve iguales, Cristina, ¡jamás podrán aceptarte como me pasó a mí!

Cristina se molestó un poco con sus palabras, pero rápidamente sonrió.

—Se equivoca, no somos iguales —respondió.

Las pupilas de Linda se dilataron y no podía entender las palabras de la chica, pero para cuando recuperó la cordura, Cristina ya se había ido.

La luz cegadora del sol parecía capaz de disipar los pensamientos de cualquier persona. Cristina sabía que ella era diferente a Linda, pues todo lo que esta mujer hacía era tratar de casarse con alguien de una familia prestigiosa, mientras que ella lo hacía por amor a Natán; todo lo que ella quería era que él tuviera una familia completa y hacerlo feliz.

«Mi propia familia es un desastre, así que sé lo triste que es...», pensó ella.

Tras regresar al Corporativo Radiante, Cristina se puso a trabajar y no pensó en nada más. En eso, Sheila llamó a su puerta.

—Señorita Suárez, la señora Ponce necesita que revise estos diseños, ya que la nueva colección saldrá pronto.

El lanzamiento de nuevas colecciones de las tiendas del Corporativo Radiante era el más rápido en todo el sector; como Cristina estaba a cargo de los dibujos de la próxima temporada, tenía que crear una plantilla antes de que la fábrica textil pudiera enviarlo. Entonces, tomó el dibujo de Sheila, un lápiz y empezó a revisarlo. Sheila se puso a su lado y la observó trabajar, mientras, expresó su curiosidad.

—Señorita Suárez, me parece que algunos puntos y elementos de diseño entre usted y Ada son muy similares.

«¿Ada?».

Cristina dejó su lápiz y observó a Sheila.

—¿Conoces a Ada?

—¡Claro! Es una diseñadora increíble, antes solía trabajar en un estudio que yo conocía, pero lo dejó de repente —contó Sheila con ojos brillosos, la típica expresión de una admiradora.

La comisura de los labios de Cristina se amplió y dijo:

—Recuerdo que no tiene muchas obras, ¿cómo conociste sus diseños?

—Porque la dueña del estudio en el que Ada trabajaba es mi tía, así que podía verlos. Me dio todos sus bocetos —dijo Sheila con seguridad.

La mirada de Cristina se ensombreció de inmediato tras oírla.

«Así que Heidi regaló mis diseños a otra persona a mis espaldas...», pensó Cristina.

Cristina sintió como si la hubieran apuñalado en el pecho, alguna vez llegó a pensar que Heidi era muy buena persona con ella, pues cuando se unió a su estudio, Heidi prometió no decirle a nadie su verdadera identidad e incluso afirmó que sus diseños serían solo suyos.

—Señorita Suárez, ¿usted también es fan de Ada? —preguntó Sheila con curiosidad.

Cristina salió de los recuerdos con una leve sonrisa, pero carecía de emoción.

—Podría decirse que sí, es buena diseñadora —pronunció.

—Si te atreves a poner un pie fuera, voy a llamar a Cristian y le diré que no estás obedeciendo sus órdenes.

Fue en ese instante que Cristina comprendió a Cristian, pues lidiar con una persona tan problemática era demasiado molesto; al final, a la chica no le quedó más remedio que esperar hasta que Linda se quedara dormida, sin embargo, fue ella quien se durmió primero. Situación que Linda aprovechó, sacó su teléfono y le tomó una fotografía a Cristina durmiendo junto a su cama.

«Esta chica no es tonta, así que, si la mantengo cerca de mí, estoy segura de que podré recuperar a Cristian», pensó la mujer, mientras que una sonrisa maliciosa aparecía en su rostro, pues otra idea llegó a su mente.

Mientras tanto, en cuanto Francisco terminó de filmar su drama, se dirigió al hospital para ver a su madre; en cuanto entró a la habitación, lo primero que miró fue la figura de Cristina dormida junto a la cama del hospital.

«¿Qué está haciendo aquí?», se preguntó él.

Así mismo, hacía mucho tiempo que Linda no lo veía, así que rápidamente se levantó de la cama y se acercó a su hijo.

—Hijo mío, por fin llegaste. Te extrañé demasiado —dijo ella.

—¿No estás enferma? —preguntó Francisco de inmediato tras darse cuenta de que su madre se veía de buen humor, pues incluso le sonrió. Ni siquiera estaba tan grave como le habían dicho en la llamada.

Tras oírlo, Linda respondió:

—Si no hubiera hecho esto, ¿habrías venido a verme? ¿Crees que tu padre se habría preocupado por mí? No puedo permitir que regrese con Julia.

—Madre, tú y ella has estado peleando por él durante muchos años, ¿acaso no pueden parar? Ahora estoy ganando mucho dinero y puedo darte una buena vida, no tienes que vivir de él ni de nadie más —dijo el joven tomando la mano de su madre.

Hubo un tiempo en el que la familia Herrera los sometió sin piedad cuando supieron de la existencia de Linda y del niño, y aquel recuerdo tan horrible todavía permanecía en la mente del joven. Además, Natán creció sin reconocer la existencia de su hermano, e incluso lo perjudicó y presionó en secreto cuando aparecía en televisión, sobre todo porque Natán no quería que el resto del mundo supiera que tenía un hermano ilegítimo, ya que era una mancha para su gloriosa vida.

En ese momento, Linda tenía una mirada sombría.

—Sacrifiqué mucho en mi vida, así que no puedo detenerme todavía. No olvides cómo murió tu hermana menor que todavía no nacía.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi esposo es mi amante secreto?