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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 208

Los dos se quedaron acostados hasta mediodía. Luego de comer, Cristina tenía que asistir a un cóctel organizado por diseñadores, así que tuvo que subir a cambiarse después de decirle a Natán. El evento tendría lugar en el último piso del hotel más lujoso de Jadentecia; nada más con entrar, Cristina reconoció a varios rostros. Ana, quien llevaba un vestido color champán, se acercó a ella, le tomó la mano y dijo con una sonrisa:

—Esta noche vinieron muchos diseñadores, permíteme presentarte a la señora Delgado.

Rebeca Delgado era hija de la familia Delgado y recién se había hecho cargo de la empresa de ropa de su padre; Modas Delgado era bastante reconocida en el sector, pues había logrado mantenerse en el negocio a pesar de los diversos obstáculos, lo que hablaba de una buena capacidad y administración.

No obstante, Cristina no los admiraba, pero, de todas formas, como Ana se mostraba muy emocionada de presentar a las dos mujeres, ella no la detuvo. Algunas personas empezaron a ver a Cristina, pues era joven, pero los jóvenes de hoy en día podían dar gratas sorpresas, pensaba algunos. La chica respondió a las miradas de todos con una agradable sonrisa, hasta que su atención fue atraída por Rebeca, quien llevaba un abrigo de piel hecho a la medida que al menos valía unos cuantos millones. En ese instante, Cristina se dio cuenta de que Rebeca era una persona muy importante, pero tras una breve plática, ella se alejó.

Esas personas eran altos rangos o directivos de las empresas, y no congeniaban bien con los diseñadores. Ana todavía estaba con ella cuando rio entre dientes y dijo:

—Cristina, la señora Delgado es muy simpática, ¿no crees? Honestamente, pensaba decirte que deberías unirte a su empresa, ella te quiere ofrecer un sueldo superior al que tienes con el Corporativo Radiante.

Cristina ya se había dado cuenta de que las personas con las que había hablado no eran comunes.

—¿Desde cuándo te convertiste en una cazatalentos? —Le preguntó a Ana.

A lo que la chica soltó una risita tímida.

—La señora Delgado dijo que me ayudaría a abrir mi propio estudio siempre y cuando pudiera completar algunas tareas que me deja al mes, ni siquiera me va a prohibir aceptar proyectos personales.

Para una emprendedora, la oportunidad de cobrar a la vez que obtenía un estudio sin ningún costo era una oportunidad que no podía dejar pasar. Sin embargo, en lugar de caer en la tentación, Cristina recordó:

—Llevas trabajando en esta industria más tiempo que yo, estoy segura de que ya escuchaste hablar sobre los Delgado. La señora Rebeca es una mujer de negocios muy astuta, ¿cómo es posible que te esté ofreciendo un trato como ese sin esperar nada a cambio? Además, los Delgado siempre roban los diseños de los demás y echan la culpa a sus propios empleados si algo sale mal, de hecho, algunos de sus diseñadores ya fueron encarcelados por eso. Yo diría que es mejor que te mantengas alejada de alguien así.

Esa era la razón por la que la familia Delgado se había mantenido a flote incluso después de la tormenta. La jugada favorita de esas personas era robar los diseños más vendidos de otras empresas, cambiar la marca y hacer ligeras modificaciones para venderlos como si fueran de ellos. Muchas empresas que no tenían tanto poder como ellos, terminaron siendo expulsadas de la industria de la moda por ese motivo. Como diseñadora, Cristina odiaba ese tipo de personas.

La expresión de Ana se ensombreció un poco.

—Eso es pasado, la señora Delgado es una mujer comprensiva y estoy segura de que no haría algo así, además, recientemente dijo que respeta el trabajo de los demás.

Cristina sabía que no podría persuadir a Ana, por lo que murmuró:

—Bueno, haz lo que quieras, pero yo jamás me uniré a su empresa.

Después de hablar un poco más, Cristina se fue sabiendo que Ana era la única que podía tomar una decisión tan importante, pero como amiga, lo único que podía hacer era aconsejarla para su bien.

Mientras la chica charlaba con otra diseñadora que recién acababa de conocer, escuchó que alguien decía con emoción:

—¿Es usted la diseñadora Ada?

El nombre de Ada llamó su atención.

«¿Acaso descubrieron mi identidad?».

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