Gina no le ocultó la verdad.
—Sheila es la prima pequeña del señor Silva.
Cristina levantó una ceja y se dio cuenta de lo que estaba pasando.
—¿Así que fue ella quien decidió trabajar conmigo?
—Sí, los de arriba me dijeron que ella tenía que trabajar para ti —respondió Gina exasperada, pues no esperaba que Sheila cambiase de papeles tan rápido.
No obstante, parecía que a Cristina no le molestaba en lo absoluto.
—El tiempo no detiene a los que trabajan bien, y tú solo estabas siguiendo órdenes —dijo Cristina.
Al mismo tiempo, el caos se desataba fuera de la oficina. Sheila debía tener una buena formación para llegar tan alto a pesar de que ser una simple asistente, pero lo que más interesaba a las personas eran los diseños de la chica, y quienes se le acercaban, no evitaban decir:
—¿No creen que sus diseños se parecen a los de la señorita Suárez?
—Incluso utilizan los mismos elementos.
—¿Será que Sheila le está copiando?
En ese momento, Sheila entró a la oficina llamando la atención de todos con sus tacones; se veía como una chica altiva y arrogante mientras recorría a todos con la mirada, como si buscara el producto perfecto dentro de una tienda de lujo. Al final, su mirada se posó en Ana.
—Tú serás mi asistente —dijo.
Ana se enfureció pues ya tenía mucho tiempo trabajando en la empresa y ocupa un rango alto entre los diseñadores, ¿cómo podría convertirse en una simple asistente?
—Tengo mucho trabajo por hacer, me temo que no puedo ser tu asistente —rechazó Ana.
Pero para su sorpresa, Sheila no tuvo temor al decir:
—Deja de hacerte la importante, tú también fuiste asistente de la señorita Suárez, ¿no recuerdas que solías adularla? Deberías agradecer que te estoy dando esta oportunidad. —Sheila pronunció esta última palabra en tono de burla.
Ana se puso tan roja como un tomate de la furia y se paró de inmediato.
—Sheila, ¿qué quieres decir con eso? Estoy dispuesta a seguir trabajando con la señorita Suárez porque conozco sus habilidades, pero ¿te crees tan buena como ella como para lograr que los demás te sigan?
Ana había decidido trabajar con Cristina porque quería conocer sus capacidades totales, después de eso, se dio cuenta de que Cristina era alguien con quien valía la pena trabajar. Sin embargo, Sheila solo quería que Ana trabajara para ella porque quería asegurar su poder en la oficina, y ese tipo de engaños era algo que Ana despreciaba con todo su corazón.
Tras escucharla, la expresión de Sheila cambió.
—Pronto verás de lo que soy capaz. La ropa de la siguiente temporada está a punto de salir a la venta y todos verán que mis diseños se venderán tanto como los de Cristina, así que, si te atreves a rechazarme ahora, me voy a encargar de que la señorita Ponce te entregue una carta de advertencia.
Justo cuando Cristina iba a intervenir en su discusión, Ana se quitó su pase de identificación laboral y lo arrojó sobre su escritorio.
—No hace falta que me entreguen ninguna carta. Renuncio —dijo enojada. Poco después, se fue.
Ante eso, Cristina corrió tras ella.
—Ana, no tienes que hacer esto, yo misma se lo puedo explicar a la señorita Ponce.
—No te preocupes, Cristina, la verdad me siento agradecida por haber tenido una compañera de trabajo tan dulce como tú, pero ya tenía en mente cambiar de empresa, y esto solo fue la gota que derramó el vaso. Además, aproveché la oportunidad para humillar a esa chica y hacerle saber que tomar este tipo de atajos no traen nada bueno, solo hará que los demás la menosprecien. Cuídate, y ten mucho cuidado ahora que no estará en el corporativo —dijo Ana.
Ana pensaba que Cristina era una chica ingenua, pues siempre se preocupaba por los demás y jamás por sí misma. Por otro lado, Cristina no pudo encontrar las palabras necesarias para hacer que Ana se quedara, al final, solo podía desearle buena suerte.
Después del incidente, Sheila eligió a otra persona para que fuera su asistente y se fue con su nueva ayudante. Pasó una semana y los diseños de Sheila finalmente salieron a la venta, sin embargo, la ropa que creó era demasiado parecida a la de Cristina en ediciones anteriores, desde los elementos, hasta el estilo, por lo que sus ventas no fueras grandes, pero tampoco malas. No obstante, el personal del Corporativo Radiante sabía lo que pasó: Sheila se limitó a copiar los diseños de Cristina y los combinó con los suyos, así que no podía considerarse como un diseño original.

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