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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 210

Linda se miraba tan bien que sin importar a dónde fuera, siempre llamaba la atención, no solo estaba en buena forma, sino que además tenía una sonrisa muy linda y su figura la hacía ver como una mujer culta. Sin embargo, no era nada comparado con Julia, una mujer de mucho más prestigio; aquella noche, Julia llevaba un vestido elegante, era como ver la encarnación del estilo y la gracia al mismo tiempo, algo que Linda solo podía desear en sus sueños más locos.

El enfrentamiento era entre una esposa y una amante, y el aire dentro del lugar se sentía pesado.

—¡Cristina, ven aquí! —exigió Julia con frialdad.

Linda se cruzó de brazos y dijo con tono de desprecio:

—No vayas con ella, ni siquiera te quiere reconocer como su nuera, sería una pena que hicieras lo que ella dice. —Linda estaba utilizando a Cristina para provocar a Julia.

Cristina miró a Linda preocupada, pero se encaminó hacia Julia, lo que provocó que Linda se enfureciera cuando notó que le daba la espalda. Ese día, era una reunión con sus compañeras de escuela, y todos se estaban reuniendo alrededor de la conmoción; la realidad es que la rivalidad entre las dos mujeres había comenzado desde que estaban en la escuela, y ahora que eran adultas, se habían convertido en rivales en el amor.

Antes de eso, Julia jamás se había molestado en asistir a ese tipo de eventos, más que nada porque no le gustaba ver a Linda, ni escuchar como los demás hablaban sobre ellas; ese año, luego de soportar todo en silencio, Julia se presentó vencedora.

—Cuando no tenías dinero para comer, solía compartir mi almuerzo contigo, incluso te llegué a prestar una de mis faldas cuando la tuya se rompió; siempre te traté como si fueras mi hermana, pero terminaste seduciendo a mi esposo, incluso ahora, quieres robarte a mi nuera. ¿No tienes vergüenza, Linda? —dijo Julia.

Luego de soportar durante muchos años las críticas de los demás, Linda no se pudo quedar callada y respondió:

—Julia, deja de fingir que eres tan grandiosa, en aquel entonces, te agradecí de corazón que me hubieras dado dinero y me ayudaras, pero me prometiste que no se lo contarías a nadie, incluso me dijiste que no permitirías que nada se burlara de mí. —A la mujer se le estaban llenando los ojos de lágrimas al recordar su pasado—, pero al final, ¡se lo contaste a nuestro profesor! ¡Y él les habló a todos sobre lo buena persona que eras! Y a partir de ese día, ¡me convertí en la burla de toda la escuela! —Linda no había perdonado a Julia porque gracias a ella, la humillaron durante años.

Después de lo que pasó, Julia se fue de la escuela para comenzar a trabajar y no terminó sus estudios; pasó el tiempo y conoció a Cristian, y cuando se enteró de que era el esposo de Julia, comenzó la nueva historia. Desde entonces, Linda juró que iba a arruinar la vida de Julia porque no quería verla feliz.

De inmediato, la mirada de Julia se ensombreció, pues en realidad ella nunca le había dicho nada a su profesor, él leyó el diario de la chica y se lo contó al director, después, pidió que la elogiaran, así que, en realidad, jamás quiso que humillaran a Linda.

—Aun así, no debiste buscar venganza. ¡Pero una persona como tú, siempre buscara culpar a los demás por las cosas malas que le pasan! —exclamó Julia. Luego, miró a Linda con desdén y se llevó a Cristina consigo.

Mientras tanto, Linda se quedó aturdida en su lugar.

Una vez dentro del auto, Cristina estaba nerviosa pues no sabía si Julia estaba enojada con ella.

—Madre, lo que pasó esta noche fue... —dijo Cristina, pero ni siquiera fue capaz de terminar su oración.

Pues, con una elegante postura y tono despreocupado, pero severo, Julia la interrumpió:

—Tienes que vigilar a tu esposo, no quisiera que mis nietos crecieran como Natán lo hizo.

Dentro del auto todo estaba oscuro, así que Cristina no pudo ver la expresión de Julia cuando le dio ese consejo.

—Lo tendré en cuenta, madre —respondió Cristina.

La mujer se comportaba como una niña obediente y respetuosa, por eso Julia le tenía aprecio. Luego de su conversación, el silencio reinó una vez más dentro del auto mientras regresaban a la Mansión Camino Escénico. Pero antes de que Cristina pudiera bajar del auto, Julia le dijo:

—Este fin de semana iré a la iglesia a rezar, me gustaría que vinieras conmigo.

—Claro, madre. Ahí estaré —confirmó Cristina sintiéndose emocionada porque jamás la había invitado.

—Le pediré al mayordomo que te recoja en la Mansión.

—Está bien, gracias. Me voy a casa —dijo Cristina bajando del auto y se despidió agitando la mano hacia el auto.

Mientras tanto, Helena, quien iba en el asiento del copiloto, miró a Julia y dijo:

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