La voz de ella derritió el corazón de Natán.
—No te escuché bien. Dilo de nuevo.
Cristina parpadeó con inocencia: «Pero si no estaba susurrando, entonces ¿por qué no me escuchó?». Se agarró con fuerza del brazo de Natán, acercándose. Alzó el mentón y, con delicadeza, acercó sus labios a su oído, su aliento haciendo que le den escalofríos.
—¿Por favor, mi amor? —susurró.
Natán la tomó de la barbilla e inclinó su cabeza para darle un beso. Su aliento cálido la envolvió como consecuencia, acalorando las cosas entre ellos. Después de un rato, Cristina sintió que le lloraban los ojos mientras que su garganta estaba seca. Él le pasó el dedo por la mejilla.
—Entendido. Puedes tomar el helicóptero privado del Corporativo Herrera allí.
—Bien.
El Concurso de Diseño Nuevo Horizonte se llevaría a cabo en un hotel lujoso de cinco estrellas en Helisbag. Tras bajarse del helicóptero, Cristina fue a registrarse según las instrucciones. El organizador había reservado todo un piso entero; entonces, a Cristina la asignaron a una habitación con vista al mar.
—Hola, señorita Suárez. Todos los diseñadores se reunirán esta noche a las siete para conocernos. Por favor, llegue a tiempo al evento —dijo la recepcionista, entregándole la tarjeta de invitación. Cristina la aceptó con una sonrisa y cerró la puerta.
Rita demostró ser una asistente excepcional, pues desempacó todas las cosas de Cristina en cuanto llegaron. Entre una de las bolsas estaba una que le dio el asistente de Natán antes de subirse al helicóptero, la cual estaba repleta de una colección de lujosas prendas de marca.
«Al señor Herrera debía de preocuparle que el vestuario de la señorita Suárez no fuera suficiente para la competencia y por eso le dejó un equipaje lleno de ropa y bolsos de marca. ¡Muchos son artículos de edición limitada que ni siquiera había visto antes!».
—Señorita Suárez, está claro que el señor Herrera la adora —dijo Rita con un tono de envidia. Cristina se acercó y eligió un atuendo para esta noche.
—Es tan considerado, ¿no crees? —comentó, mordiéndose el labio. Ella sabía que a los diseñadores les encantaba compararse con los demás y, aunque no tenía ese hábito, no significaba que otros no lo hicieran.
A las siete de la tarde, Cristina se puso el conjunto que había elegido antes. Era su primera reunión con los demás diseñadores, así que se maquilló por respeto al evento. Cuando entró al salón de eventos del segundo piso, se dio cuenta de que había más de una docena de diseñadores allí mismo. A algunos los reconoció por su presencia en Internet, mientras que otros eran caras desconocidas para ella.
Cuando la puerta se cerró tras ellos, los diseñadores que participarán en el concurso empezaron a observar los atuendos de los demás. Justo en ese momento, los reflectores brillaron sobre el escenario, situado en el centro. Una mujer que un impresionante vestido rojo entró; parecía de mediana edad, pero era difícil deducirlo a juzgar por su aspecto cuidado. Su maquillaje era impecable; tenía cabello largo y liso, que contribuía a su elegancia. Su entrada captó la atención de todos los presentes.
—¡Es la señorita Selena!
—¡Oh, es ella! ¡No puedo creer que sea la organizadora de este concurso!


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