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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 102

Estos días, Fidel se había forzado a no pensar en Candela. Sin embargo, el asunto de ese hijo que nunca llegó seguía clavado como una espina en su corazón.

Él jamás creyó que Candela fuera capaz de hacer algo tan fuera de lugar.

En aquel entonces, sospechar que ese hijo no era suyo había sido un arrebato, una reacción impulsiva que le nubló la razón.

Además, recordaba claramente una ocasión en la que, bajo los efectos del alcohol, perdió el control y no tomó ninguna precaución.

Si hacía cuentas, el tiempo coincidía justo con ese momento.

Quizá, pensaba Fidel, Candela se había dado cuenta de que él no quería hijos y por eso, sin decirle nada, decidió interrumpir el embarazo.

O tal vez, supo que Raúl regresaría al país y no quiso quedarse con un hijo suyo…

Esa sensación de opresión que Fidel creía haber superado, volvió a instalarse en su pecho.

Sacó otro cigarro, se acercó a la ventana y se quedó ahí de pie.

Las luces de la ciudad allá afuera no se diferenciaban mucho de las de Ciudad Solsticio. Encendió el cigarro, soltó una bocanada de humo y marcó un número en su celular.

El timbre sonó durante un buen rato, pero nadie contestó. Fidel pensó que Candela ya estaría dormida.

No insistió más.

En cuanto a lo que Zaira le había contado, no le preocupaba.

Candela siempre había sido dedicada y atenta con Daya, eso no se podía poner en duda.

El resto… lo resolvería en cuanto terminara los asuntos pendientes y regresara a Ciudad Solsticio.

...

Candela cumplió su palabra y dejó de involucrarse en la vida de Dayana.

Daya, por su parte, también se le subió el coraje y, desde aquella noche, dejó de hablarle a Candela.

Ambas actuaban como si la otra fuera invisible.

La diferencia era que Candela, en verdad, no se preocupaba; mientras que Daya se la pasaba haciendo cosas para llamar la atención de Candela.

Se acercaba el día de la entrevista.

La noche anterior, Candela revisaba una y otra vez sus documentos, ensayando frente al espejo cada pregunta y respuesta de la entrevista.

Por más que ya estuviera lista y segura de su tesis y de su especialidad, veía aquel día como el inicio de una nueva etapa, así que todo le importaba el doble.

Había pasado cinco años sacrificando su vida por algo que ella llamaba amor. De ahora en adelante, quería brillar con luz propia en su propio camino.

No sería la esposa de nadie, ni la madre de nadie. Solo sería Candela.

Salió de la biblioteca ya entrada la noche, y tras dejar todo preparado, se lavó la cara, se cepilló los dientes y se acostó en la cama.

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