El médico se quitó el cubrebocas.
—La paciente sufrió un fuerte golpe en la cabeza. Ya localizamos la zona de hemorragia y, por ahora, logramos detener el sangrado interno.
—En los próximos días será necesario seguir observándola.
—Si el coágulo dentro del cráneo no se absorbe solo, tendremos que hacer otra cirugía.
—La paciente ya está en terapia intensiva. Cuando las enfermeras terminen de preparar todo, los familiares podrán pasar a verla.
Fidel asintió, mostrando que había entendido.
A un lado, Mireia no sabía ni por dónde empezar. Antes, ella solo veía en Fidel a un hombre atractivo, exitoso y lleno de recursos; inevitablemente, le había tomado cariño e incluso pensaba que Candela no era digna de él.
Pero ahora…
Mientras observaba al hombre a su lado, empezó a sentirse agradecida por haberse dado cuenta a tiempo de sus verdaderos sentimientos.
—Señor Fidel, mejor váyase a descansar. Yo me quedo aquí por mientras.
Fidel agitó la mano, negando.
—Vete tú.
—No te preocupes por mí.
Mireia no insistió más. Tenía que regresar a la empresa a lidiar con ese grupo de directivos.
—Señor Fidel, si necesita algo, no dude en llamarme. Ahora mismo le pido al personal de servicio que le traiga a usted y a la señora algo de ropa limpia para cambiarse.
Dicho esto, Mireia se fue del hospital.
El largo pasillo quedó en silencio, con Fidel solo, sumido en sus pensamientos.
Exhaló un suspiro profundo, como si el aire pesado de ese lugar le impidiera respirar. Aflojó la corbata y la dejó colgada en su mano. La camisa, siempre impecable, ahora tenía los dos primeros botones desabrochados. Parecía que toda su energía se había esfumado.
Miró por la ventana. El día estaba especialmente bonito, cálido para ser invierno. A lo lejos, el centro comercial ya lucía decoraciones navideñas.
Sin embargo, Fidel nunca había sentido tal confusión en su vida.
Ni siquiera el tabaco podía calmarlo…
...

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