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Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 68

Candela no le contó a su hermano lo que su papá había dicho.

Ahora su hermano ya estaba siendo apartado dentro de la empresa, y si él se enteraba de esas palabras, era probable que, llevado por la rabia, cometiera una tontería.

Si lo echaban de la empresa, eso solo lograría que su mamá se sintiera aún más triste.

En ese caso, las palabras de Horacio se cumplirían: los tres, su mamá, su hermano y ella, se quedarían sin apoyo alguno.

Candela apretó el volante, giró el carro y se alejó del hospital.

Lo que le había dicho a Horacio no fue por arranque ni por querer hacerse la valiente.

Estaba decidida a pasar el examen de ingreso al doctorado, convertirse en la mejor subastadora y ser el mayor apoyo de su mamá.

No necesitaba depender de nadie. Si alguien iba a ser su respaldo, esa sería ella misma.

...

El día del cumpleaños de Verónica, la escuela le organizó un banquete especial, y Candela, por supuesto, estaba invitada.

A la celebración también asistieron figuras reconocidas del mundo de las antigüedades, así como muchos de los alumnos que alguna vez fueron guiados por Verónica.

Ese año, Verónica pensaba admitir a su última generación de doctorandos, y muchos querían aprovechar la oportunidad de mostrarse frente a la maestra Verónica, con la esperanza de convertirse en su discípulo favorito.

Por eso, este banquete de cumpleaños tenía un significado especial para todos los estudiantes.

Candela llegó temprano para ayudar con los preparativos. Ella conocía mejor que nadie los gustos de la profesora Verónica, así que supervisó de cerca la decoración del salón y la selección de los platillos.

—¡Señorita Candela! ¡Qué casualidad, también estás aquí! —La voz de Zaira la hizo voltear.

Zaira llevaba puesto un vestido de diseñador, de esos que solo aparecen en portadas de revista. Candela lo había visto en una editorial: era el nuevo modelo de VOLI, costaba treinta mil pesos.

Siendo sinceros, el vestido lucía espectacular en Zaira; llamaba la atención de todos.

Sin embargo, Candela no tenía una buena opinión de ella. Apenas le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo y quiso irse.

—Ay, espera...

Zaira se puso justo frente a Candela, impidiéndole el paso.

—Señorita Candela, ¿me traes una copa de champán, por favor?

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