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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 163

Cristian salió del hospital y regresó a la Mansión Vega.

El médico familiar estaba curando a Esmeralda.

Felicia consolaba a Esmeralda mientras maldecía:

—¡Nerea, esa hija de perra, esa zorra! No le bastó con andar de facilota por ahí, ahora se atreve a ponerte una mano encima. De verdad cree que a los Vega nos pueden pisotear. Mamá, tranquila, cuando mi hermano regrese, le va a dar su merecido.

—Felicia, ¿así hablas en privado? «Zorra», «facilota»… ¿Dónde quedaron tus modales de señorita? —Cristian entró a la sala con el rostro serio.

Al escuchar a Cristian, Felicia puso cara de indignación.

—Hermano, ni siquiera viste lo fuerte que le pegó Nerea. Mira la cara de mamá, mira cómo la dejó. Y tú solo sabes regañarme a mí, no te preocupas por mamá en absoluto.

Felicia, furiosa, se puso roja y miró a Esmeralda con ojos llorosos buscando apoyo.

—Mamá, mira a mi hermano, solo sabe gritarme. ¿Qué tiene de malo que diga un par de cosas porque me duele verte así? No es real, solo me estoy desahogando.

Esmeralda miró a Cristian.

—Cris, ¿por qué eres tan duro? Felicia solo se preocupa por mí. Discúlpate con tu hermana.

Cristian ignoró la petición de Esmeralda. Caminó hasta ella con frialdad y preguntó:

—¿Fuiste tú quien me drogó aquella vez?

Esmeralda se estremeció y soltó un siseo de dolor, mirando al médico.

—Doctor, ¿no puede ser más suave? Me está matando de dolor.

—Lo siento, señora. Tendré más cuidado —se disculpó el médico apresuradamente.

Solo entonces Esmeralda miró a Cristian con cara de inocencia y confusión.

—Hijo, ¿de qué estás hablando?

Cristian arrojó unos documentos sobre la mesa de centro.

—Léelo tú misma.

El día de la mediación, las palabras de Nerea se le habían quedado grabadas a Cristian.

Lo pensó mucho y finalmente le pidió a Yago que investigara el asunto.

Yago encontró a la empleada doméstica de aquel entonces. El nieto de la mujer acababa de ser diagnosticado con leucemia y necesitaba una gran suma para el tratamiento.

Yago le dio un millón, y solo entonces ella confesó lo que pasó años atrás.

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