—Doctor, por favor revise a mi hermana, está delirando por la fiebre y diciendo cosas sin sentido.
El médico le tomó la temperatura a Nerea y le puso el suero.
Jaime se sentó al borde de la cama, sujetando la mano de Nerea para cuidarla.
—Hermana, no me voy a dormir, aquí te cuido, no tengas miedo. ¡Que se larguen las pesadillas! ¡No dejaré que te molesten!
En efecto, Nerea estaba atrapada en una pesadilla.
Soñó una vez más que sus padres morían en un accidente de auto, que su hermano iba a la cárcel y perdía un ojo, y que Emilia desaparecía.
Soñó que Cristian la enviaba a prisión, su familia quedaba destrozada y ella perdía todo.
Tras salir de la cárcel, Rocío la recogió y le dio un techo donde refugiarse.
Con la ayuda de Samuel y la doctora Rangel, volvió a la investigación científica y finalmente conoció a Flora, convirtiéndose en su socia.
Justo cuando comenzaba a brillar, Cristian se arrepintió; lloró pidiendo perdón y se arrodilló suplicando volver.
Isabel, llena de odio, quiso hacerla desaparecer y orquestó un secuestro.
Al intentar escapar, los delincuentes la golpearon en la cabeza, provocándole amnesia.
Cristian le dijo que él era su amado y que tenían un hijo precioso.
Y en el sueño, ella le creyó.
Nerea sacudía la cabeza con ansiedad, gritando una y otra vez:
—¡No, no, él no es tu amor, es el asesino, es un maldito asesino!
—Él causó la muerte de papá, mamá y la abuela, hizo que tu hermano perdiera un ojo y te metió a la cárcel. ¡¿Cómo puedes olvidarlo?!
—¡No le creas, no!
Pero su yo del sueño no podía escucharla.
La Nerea del sueño vivía con Cristian, comían y dormían juntos.
Esa imagen...
Nerea estaba tan furiosa que quería tomar un cuchillo y matarse a sí misma, y de paso al desgraciado.
Pero ella solo era una espectadora en el sueño, no podía hacer nada.
Más tarde, su yo onírico recuperó la memoria y recordó todo.
Nerea lloró de alegría.
—¡Rápido, acaba con ese infeliz!
Pero, para su sorpresa, a pesar de que Cristian le había quitado todo, ¡la Nerea del sueño lo perdonó!
Nerea se quedó estupefacta un momento y luego estalló en gritos e insultos:
—¡Nerea, grandísima pendeja! ¿De verdad te falló el cerebro?
—¡Mira quién es ese cabrón! ¡Es Cristian, el enemigo que destruyó a tu familia! ¡¿Qué tan urgida estás para perdonarlo?!
—¿Con qué cara verás a los demás? ¿A tus padres y abuela muertos, a Jaime con la vida arruinada, a Emilia que ni siquiera sabes si sigue viva?

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