Después, Nerea contactó a Leonardo.
Leonardo estaba en una junta en su empresa. Al ver la llamada, levantó la mano pidiendo una pausa y contestó.
—Leo.
Leonardo detuvo los dedos que frotaban su rosario, bajó la mirada y soltó una risa suave. Su voz era grave y profunda.
—Nere.
—Leo, quiero pedirte un favor.
Leonardo se recargó perezosamente en el respaldo de su silla.
—¿Qué pasa?
—Quiero pedirte que me ayudes a...
Leonardo aceptó de inmediato:
—Está bien, yo me encargo.
Nerea sonrió.
—Gracias, Leo. Luego te invito a comer.
***
Medio mes después era el cumpleaños de Ulises.
El deseo de cumpleaños de Ulises era que sus papás lo llevaran a la playa.
Sus compañeritos del kínder le presumían hoy que sus papás los habían llevado al parque de diversiones, mañana le presumían que fueron a esquiar, pasado mañana al zoológico...
Solo él llevaba mucho tiempo sin que sus papás lo acompañaran.
Cristian, en efecto, no había pasado tiempo con Ulises en mucho rato, y como era su cumpleaños, aceptó.
Ulises vitoreó feliz, pero Cristian le recordó:
—Pero tienes que preguntarle a tu mamá si quiere ir con nosotros a la playa.
Ulises llamó a Nerea.
Cuando Nerea escuchó que Cristian también iría, sintió rechazo.
Nerea se quedó callada, y la voz de Cristian se escuchó:
—Es solo una vez al año.
Nerea recordó el reclamo de Ulises sobre que no jugaba con él.
Era cierto, desde que se mudó casi no pasaba tiempo con él.
Era el cumpleaños del niño, podía cumplirle un deseo.
Después de todo, era su hijo. Y por él, valía la pena intentarlo. Hasta que cumpliera 18 años, tanto por obligación legal como moral, debía criarlo y educarlo.
Además, se había dado cuenta de que, desde que Ulises jugaba con Emilia, su actitud había mejorado bastante.
Quizás Ulises aún tenía remedio.
Nerea aceptó, pero de pronto recordó algo y dijo:
—Puedes invitar a otras personas, pero está prohibido invitar a Isabel. Si ella va, yo no voy; si yo voy, ella no. Piénsalo bien.
Ulises respondió:
—Tranquila mamá, ella te puso una trampa, es una señora mala, no la voy a invitar. Además, esta vez solo quiero que mi papá y mi mamá jueguen conmigo.
Aquella vez en la audiencia, ella le había pedido específicamente a Estefanía que llevara a Ulises.
Parecía que había surtido efecto.
Diez días después, en un destino turístico en el extranjero.
Nerea estaba recostada en un camastro en la playa, tomando agua de coco y revisando su celular, disfrutando de la brisa marina.
Cristian regresó a beber agua y la vio en el camastro.
—¿Viniste hasta acá para ver el celular?
Nerea deslizó el dedo por la pantalla.
—No te metas. Si estás aburrido, ve a controlar a tus queridas.
Cristian chasqueó la lengua.
—Antes no noté que fueras como un erizo, hablas con puras espinas.
—¿Al señor Vega le dio demencia senil prematura? ¿Acaso antes hablabas conmigo?
—¡Papá! —gritó Ulises abrazando una pelota de voleibol.
Cristian bebió agua y le hizo una seña con la mano.

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