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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 551

Cuando Kevin se enteró de que Nerea iría a Puerto Rosales, se ofreció de inmediato a pasar por ellos. Kevin siempre hacía lo que se le daba la gana y de nada sirvió que Nerea se negara. Ella le envió un mensaje avisándole que Telasco ya los había recogido y le agradeció el gesto.

En ese momento, Kevin estaba sentado en la sala de juntas con una expresión sombría, escuchando a sus subordinados explicar las causas de un accidente. Todos estaban con el alma en un hilo. Desde que Kevin asumió el mando, Habían aprendido por las malas cómo era su carácter: resolvía todo con rapidez, pero tenía un temperamento impredecible. Era sumamente difícil complacerlo.

Sin embargo, había que admitir que, en los negocios, Kevin era mucho más astuto que el señor Rojas. Desde su llegada, el rendimiento de la empresa había subido como la espuma y los bonos de los empleados eran cada vez más jugosos. El único problema era que el estrés ya los traía al límite.

Al ver el mensaje de Nerea, la expresión sombría de Kevin se suavizó de inmediato y sus ojos se llenaron de calidez. Los presentes se quedaron boquiabiertos. Jamás habían visto una faceta tan amable en él. Por lo general, incluso cuando estaba de buenas y sonreía, su expresión cargaba una presión que mantenía a todos a raya.

Kevin respondió el mensaje sin levantar la cabeza y ordenó:

—Continúen, no se detengan.

Los subordinados, llenos de dudas pero sin atreverse a cuestionar, siguieron con el informe.

Más de una hora después, el auto llegó a la residencia de la familia Encinas. Estaba ubicada en una zona céntrica, donde cada metro cuadrado valía una fortuna y el bullicio era constante. Sin embargo, la propiedad de los Encinas parecía un oasis en medio del caos.

Muros rojos, tejas verdes y ventanales con marcos de madera tallada al estilo antiguo. A través de las rejas se veía una vegetación frondosa; las buganvilias trepaban por los muros, desbordándose hacia la calle en un estallido de color. El portón bermellón estaba flanqueado por leones de piedra. Todo el conjunto tenía un aire colonial y solemne, más parecido a un monumento histórico que a una casa.

El joven guardia de la entrada no reconoció a Álvaro, pues este había dejado la familia hacía más de veinte años.

—Buenas tardes, señor —preguntó el guardia con cortesía—. ¿A quién busca?

Ser interrogado en la puerta de su propia casa le provocó a Álvaro un nudo en el estómago.

—Soy Álvaro. Gerónimo Encinas es mi padre y Alexander es mi hermano mayor.

El guardia miró a Álvaro con asombro y se apresuró a saludar:

—Señor Encinas, disculpe.

Telasco, desde el asiento del conductor, lo apremió:

Capítulo 551 1

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