Ricardo borró la sonrisa de su rostro de inmediato y recuperó su expresión fría.
—Esta vez perdiste el duelo, es un hecho. No estuviste a la altura, así que no la culpes por menospreciarte y llamarte mediocre.
Patricio se quedó sin argumentos.
Después de un momento, todavía confundido, preguntó:
—¿Tú crees que ella haya estado antes en una fiesta tan elegante? ¿Cómo es posible que baile con tanta naturalidad?
Ricardo negó con la cabeza, con una mirada pensativa.
—No lo sé. Parece que guarda muchos secretos.
—¿Muchos secretos? Ricardo, la estás sobreestimando. Admito que esta noche logró sorprenderme un poco, pero solo fue eso, un poco —dijo Patricio, todavía con desdén hacia Doris—. Además, no olvides lo malvada que es. ¡No solo humilló a Carolina, sino que te dejó la pierna derecha en ese estado!
Al mencionar su pierna, Ricardo frunció el ceño y no dijo nada más.
Pensándolo bien, en un principio fue él quien había intentado darle una lección a Doris. Sin embargo, tampoco estuvo a la altura y a él fue a quien le salió el tiro por la culata.
***
Al otro lado del salón…
—¿A dónde vas? ¡Quédate sentado! —ordenó Benedicto Benítez al ver que su hijo, Germán Rosales, se levantaba. Adivinó que intentaba ir con Doris.
—Papá, tú mismo dijiste que me traías para que conociera a más gente del círculo. Si me tienes aquí sentado toda la noche sin dejarme mover, ¿cómo voy a conocer a nadie? —replicó Germán, exasperado.
—Ya tendrás tiempo de conocer a quien quieras cuando organice tu fiesta de bienvenida. Esta noche no es necesario —dijo Benedicto. Lo que en realidad le preocupaba era que su hijo armara un escándalo y causara problemas con la familia Palma.
Germán no tuvo más remedio que volver a sentarse, cada vez más ansioso.
¡Al diablo!
Si no lo dejaba acercarse a Doris aquí, ya encontraría la oportunidad al terminar la fiesta.
Total, ya sabía que Doris estaba en Solara, ¡y que además era una de las herederas de la familia Palma!
***
Por su parte, Carolina, después de terminar de bailar con Álvaro, también perdió el interés y se retiró. Se sentó junto a Patricio y Ricardo.
—No sabía que Doris fuera tan increíble. Hasta yo me siento opacada —comentó a propósito, para ver la reacción de Ricardo y Patricio.

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