Incluso Doris se quedó atónita, mirando con incredulidad a su guapa nueva mamá hecha una furia.
Resulta que su guapa nueva mamá no era tan blanda como ella pensaba.
Tatiana señaló a Patricio con el dedo, temblando de pies a cabeza.
—Ustedes, toda su familia, son una bola de malagradecidos sin corazón. ¡Largo, lárguense de mi casa ahora mismo y no vuelvan a poner un pie aquí! ¡O haré que los guardaespaldas les rompan las piernas!
Fátima, después de un momento de confusión, reaccionó con una furia desmedida.
—¡Tatiana, maldita estéril! ¿Con qué derecho golpeas a mi hijo?
Dicho esto, se abalanzó sobre Tatiana, dispuesta a devolver la bofetada que había recibido su hijo.
Pero Doris no iba a darle esa oportunidad. Antes de que pudiera acercarse a su guapa nueva mamá, le lanzó una aguja de plata.
La lanzó con tal discreción, y todo ocurrió tan de repente, que nadie se dio cuenta.
Fátima se detuvo a medio movimiento, con los ojos desorbitados. Intentó hablar, pero solo balbuceaba. Luego, su cuerpo se desplomó y comenzó a convulsionar en el suelo.
—¡Mamá! ¿Qué te pasa? —gritó Patricio, aterrado, y se arrodilló para sostener a su madre.
Fátima echaba espuma por la boca, su cuerpo seguía temblando.
—…Me… me siento mal…
Doris miró a Fátima con desdén.
—Patricio, parece que tus palabras fueron tan desalmadas que a tu madre le cayó un castigo divino por tu culpa.
Patricio levantó la vista y la fulminó con la mirada.
—¡Y tú todavía te burlas! ¿Te da gusto ver a mi mamá sufriendo así?
Doris asintió sin reparos.

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