Doris lo pensó un momento y preguntó:
—¿Necesitas que te ayude con algo? ¿Como elegir la decoración o confirmar la lista de invitados?
—No hace falta —respondió Higinio con amabilidad—. Solo dame la lista de la gente que quieres invitar de tu parte. Si tienes alguna petición especial, dímela, pero no te preocupes por los detalles.
Doris se estiró.
—De acuerdo. La verdad es que no me gusta organizar estas cosas. Siendo así, te dejo todo lo de la fiesta a ti.
—Sí —dijo Higinio con seriedad—. Doris, te prometo que en esta fiesta de compromiso serás la envidia de todos, no el hazmerreír. No dejaré que nadie diga que la verdadera heredera de la familia Palma tuvo que casarse con un lisiado como yo solo para reemplazar a Carolina.
***
Doris llegó a la propiedad de los Palma a las cuatro de la tarde. Planeaba tomar una pequeña siesta antes de cenar.
Había sido un día bastante completo.
Pero no contaba con que…
Justo al llegar a la puerta de la villa del ala este, escuchó una discusión afuera.
—Señor Julián, señora Palma, ya les dije que la señorita Doris no está en casa. Cualquier asunto que tengan con ella, esperen a que el señor y la señora regresen.
—¡Si esperamos a que regresen, no podremos darle su merecido a esa malcriada! ¿Acaso esa mocosa está escondida adentro y no se atreve a salir?
Doris entrecerró los ojos. Era Fátima otra vez.
Pero esta vez, incluso Julián había venido, y traían a varios guardaespaldas con ellos, que se enfrentaban en una tensa calma con los guardias de la villa.
Parecía que habían venido a cobrarle la cuenta de la mañana.



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