—Y todo gracias a ti, Patricio. No solo fallaste al intentar deshacerte de Doris, sino que ni siquiera supiste limpiar tu desastre, dejándole pruebas a ese vejestorio. Si no fuera por eso, no estaríamos pasando por esta humillación.
—Patricio, a veces eres un completo inútil. No solo estás aquí tirado, sino que encima haces que toda la familia pague por tus errores.
Al escuchar a Carolina hablar con más crueldad y desprecio que el día anterior, la conciencia de Patricio casi se desvanece de la rabia.
—¡Y además, por tu culpa rompí con Antonio! Antonio es el único heredero de la poderosa familia Figueroa. Si no fuera por ti, ¡yo podría haberme casado con él y convertirme en la joven señora de los Figueroa! ¿Tienes idea de lo importante que era eso para mí?
Al pensar en eso, a Carolina le rechinaron los dientes de odio.
—Hace mucho que entendí que mis padres me criaron con esmero solo para casarme con una familia rica, igual que tu tía. Por eso me enseñaron piano, pintura y caligrafía, y nunca me permitieron estudiar administración de empresas. Pero no importa, a mí tampoco me interesan esas cosas. Mi mayor objetivo es casarme con un millonario y ser una dama de la alta sociedad.
—Después de saber que no era su hija ni su hermana biológica, me aferré aún más a ese objetivo. Solo casándome con una familia de la élite podré cambiar mi destino. Por eso no puedo irme de la familia Palma; solo quedándome aquí tendré la oportunidad de seguir relacionándome con la gente de este círculo.
—¡Pero ahora, por tu culpa, he perdido otra oportunidad! ¡Dime si no mereces morir!
Las palabras "mereces morir", Carolina casi las escupió entre dientes.
«¿Que merezco morir?».
Al escuchar la acusación de Carolina, la conciencia de Patricio solo pudo reír con frialdad. «Ja, ja… resulta que todos los años de cariño que le di valen menos que su ambición de casarse con un millonario».
¡Carolina era una víbora desagradecida!
Tal como había dicho su hermana biológica, Doris, ¡estaba completamente equivocado!
Cuando se enteró de lo que la madre de Carolina era capaz de hacer, ¿por qué siguió pensando que su hermana adoptiva era inocente?
Fátima caminaba lentamente hacia el ascensor, con los pies pesados. Justo en ese momento, el ascensor emitió un "ding", se detuvo frente a ella y las puertas se abrieron lentamente.
Al ver que quien salía era su hijo Ricardo, Fátima se sorprendió.
—¿Riki? ¿Qué haces en el hospital tan tarde?
—Quería ver cómo está Patricio —respondió Ricardo, con el rostro cansado.
Fátima suspiró profundamente.
—Bueno, ve a verlo entonces. Hablar un poco con tu hermano le hará bien. Tu hermana acaba de llegar para cuidarlo, así que con ustedes dos acompañándolo, seguro se sentirá más tranquilo. Yo estoy agotada, así que me voy a casa a descansar.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida