—La última vez, en la fiesta de bienvenida, ya andaba con muletas y cojeando. Pensé que se había caído o algo, pero ya pasó una semana y sigue igual. ¿No será que de verdad se quedó cojo?
—Quién sabe. ¿Ahora está de moda que los guapos se lastimen las piernas? El señor Villar está lisiado de ambas, y el señor Palma ahora cojea de una.
—Qué curioso.
—Shhh…
De repente, los que estaban cuchicheando se callaron al notar que Julián y Fátima acababan de bajar de su carro.
Julián los miraba con una frialdad glacial, mientras que Fátima tenía una expresión de furia.
Por suerte para ellos, la pareja no dijo nada y se dirigió a grandes zancadas hacia la entrada de la mansión.
Los jóvenes invitados soltaron un suspiro de alivio.
***
—¡La gente que viene esta noche se supone que tiene clase, pero andan por ahí hablando a espaldas de los demás! ¿Qué les pasa? —Fátima estaba furiosa de escuchar cómo se burlaban de su hijo mayor.
Al principio, pensó que lo de la pierna rota era solo una forma de hablar de Ricardo, pero ahora sabía que era verdad. ¡La pierna de su hijo estaba destrozada!
Su esposo, Julián, ya había contactado al mejor especialista en prótesis del extranjero para conseguirle la mejor que existiera.
¡El cielo era injusto con los talentosos! Su hijo era tan joven, ¿por qué tenía que pasarle algo así?
Al menos, a diferencia de Higinio, su hijo solo había perdido una pierna.

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